¿Tan bueno es Iván Redondo?

Emilio Campmany

Desde que en Estados Unidos se organizó el primer debate televisivo, entre los candidatos presidenciales Kennedy y Nixon, la política depende de la imagen. Quienes lo oyeron por la radio dieron por ganador a Nixon, pero los que lo vieron por televisión se decantaron por Kennedy. Aquí, se cree que el artífice de la buena imagen que se supone que Pedro Sánchez tiene es un gurú llamado Iván Redondo, el responsable de haberle llevado a la Moncloa. Redondo llegó a Ferraz con el aval de haber logrado la hazaña de que un líder del PP llegara a presidente de Extremadura, eterno feudo socialista. Sánchez le tiene tanta fe a su consejero de imagen que lo ha hecho jefe de gabinete. Desde este puesto, Iván Redondo dirige la estrategia para lograr que su jefe siga siendo presidente del Gobierno tras las próximas elecciones generales, sean cuando sean.

Se supone que Redondo es quien ha conseguido que Sánchez sea visto como un superviviente, capaz de resistir los más duros embates. También se supone que es el que ideó lo de presentar al líder del PSOE como una solución moderada entre los extremos de los independentistas y los paladines del 155. En última instancia, se cree que también es el que ha diseñado la estrategia de sumar a Podemos al proyecto socialista y, a partir de ahí, conseguir mayorías con los votos de los nacionalistas.

En esto último, el gran estratega electoral, experto en marketing político, podría estar equivocándose. La humillante dependencia que Sánchez tiene de Iglesias ha atribuido a éste una imagen que Redondo debería haber evitado. Hoy, los españoles perciben a Iglesias como quien gobierna realmente España. El membrete de Podemos colocado al mismo nivel que el del Gobierno en el pacto de los Presupuestos ya auguró lo que pasaría a continuación. Que sea Iglesias quien esté yendo de la ceca a la meca, de telediario en telediario recabando apoyos para sus Presupuestos, hace que Sánchez sea contemplado como irrelevante. Los Presupuestos son los de Iglesias y es Iglesias quien se ocupa de reunir los votos necesarios para sacarlos adelante. Los votos de Sánchez se dan por hechos a cambio de que pueda seguir viajando en el Falcon y disfrutando de La Bodeguilla.

No sé qué pensará Redondo, pero es fácil concluir que esta imagen de Iglesias como el que verdaderamente gobierna y esa otra de Sánchez como mero florero de la acción política de Podemos no puede ser buena para el futuro electoral del presidente del Gobierno. Los votantes de izquierdas podrían concluir que, si votar a Sánchez sólo sirve para que gobierne Iglesias, quizá lo mejor sea votar directamente a Podemos. Iglesias podría estar dándole la vuelta al patético intento socialista de convertir a su partido en un adminículo del PSOE para que sea el PSOE el que acabe siendo visto como una mera extensión de Podemos.

Hoy por hoy, si los Presupuestos salen adelante, será un éxito de Iglesias, y si no salen será un fracaso de Sánchez. Redondo debería revisar su estrategia.

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