Partido Popular

Sodoma, Gomorra y Génova

Emilio Campmany

Cuando se hizo palmario que Zapatero se cargaría el país y de paso dejaría hecho unos zorros al PSOE, me pareció increíble que los socialistas no reaccionaran y se dejaran arrastrar por aquella especie de flautista de Hamelín atolondrado. Lo chocante de lo ocurrido entonces es que le pasó a gente que, por más que no le importara España, vivía, y muy bien, de que el partido ocupara espacios de poder. Y sin embargo nadie intentó desembarazarse del cejicircunflejo y poner a otro que salvara lo que se pudiera. Ahora, chapotean en el charco del veintipocos por ciento y cayendo.

Llega la legislatura siguiente y viene a ocurrir una cosa parecida en el PP, en manos de un ensoberbecido estafermo de mirada abobada que cuando cree haber tenido un chispazo de ingenio se humedece los labios, relamiéndose como si fuera a cobrar una comisión. Es cada vez más evidente que el PP de Rajoy completará el trabajo inacabado de Zapatero de cargarse España. Y podría ser que a los prebostes del partido les importara un pimiento con tal de conservar cargos, puestos y gabelas, pero es que eso también peligra. Las europeas les han enseñado que se dirigen con paso firme hacia el barranco del veintitantos por ciento y nadie hace nada en el partido para impedirlo.

Pueden engañarse creyendo que agitar el espantajo del miedo que representa Podemos con sus fórmulas mitad bolivarianas mitad de marxismo años treinta les hará recuperar buena parte de los votos perdidos. Pero, aunque así fuera ¿por cuánto tiempo? Y además, hay algo que una parte considerable del electorado de derechas no está dispuesta a perdonar: la corrupción. Sus electores no son tan estúpidos como para creer que los únicos corruptos del PP son Bárcenas y Lapuerta, cuando ninguno de los dos administraba dinero público, sino que se limitaban a recibir los pagos por la corrupción de otros dirigentes. Tampoco lo son como para tragarse que Bárcenas pagó la remodelación de la sede de Génova con dinero negro de su bolsillo. Y en última instancia es lo que dice Pedro J., que lo relevante de la acusación de Ruz de que Lapuerta y Bárcenas manejaban la caja B del PP no es quiénes la administraban sino que la hubiera. Y el responsable de que la hubiera es Rajoy.

Ahora que han empezado a llegar las quejas a Génova, al espabilado que hoy dirige el partido que un día fue el de la honradez se le ha ocurrido atajar los lamentos proponiendo cambiar la ley electoral para favorecer a los alcaldes del PP en trance de dejar de pisar moqueta. Y de paso ha conseguido que quien encarna aquel PP honrado, José María Aznar, se haya avenido a sisear halagos por entre sus dientes y labios quién sabe si a cambio de que su esposa sea candidata a la alcaldía de Madrid. Para perderla, por cierto, salvo que Rajoy reforme la ley. ¿Es que no queda nadie decente en Génova?

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