España - Reino Unido

Sobra picardía

Emilio Campmany

Rajoy no pertenece a la Carrera. Eso es obvio. Pero Jorge Moragas, sí. El de la mochila debía haberle explicado que en las cumbres no sirve la picardía hispana. Había mucho morbo por saber si, contraviniendo su tradicional postura, Cameron se avenía a hablar de Gibraltar sin presencia de los gibraltareños. Y Rajoy ha querido marcarse el tanto y decir, a pregunta de Pablo Montesinos, enviado de Libertad Digital, que, en efecto, lo hicieron y sin estar presente Fabian Picardo. Pero, válgame Dios, al inglés le dio tiempo a replicar y aclarar que lo único que habían hablado de Gibraltar era que sólo lo harían si estaban los llanitos presentes. Y así tuvo que ser porque Rajoy no le corrigió.

Las gallegadas están bien para que no te salpique lo de Bárcenas o lo de Camps, pero, más allá de los Pirineos, sirven de poco. Estoy de acuerdo en que hubiera sido peor que el puntazo nos lo hubiera dado un francés, pero el de un inglés también duele, y si es a cuento de Gibraltar, no te digo lo que escuece.

A la pregunta del periodista de LD, Rajoy podía haber contestado que sí, que habían hablado de Gibraltar y que, lamentablemente su amigo David había insistido en que no negociarían nada sin estar Picardo y que él le había contestado que con Picardo no tenía nada que hablar en relación a la soberanía y que confiaba en que, con el tiempo, los británicos cambiarían su postura. Claro que el inquilino de Downing Street podría haber contestado que podíamos esperar sentados y Rajoy decir que entonces nosotros nos replantearíamos nuestra política de buena vecindad con La Roca y a ver qué decían ellos. Eso o reconocer que no habían hablado de Gibraltar, que en cierto modo es lo que ha ocurrido. Pero el truco de decir que lo han hecho sin contar con Picardo y que a los pocos segundos se vea que lo que en realidad ha ocurrido es que han constatado que los ingleses no hablarían sin estar él presente queda un poco desangelado. Sobra picardía y manca finezza, como siempre.

Otra cosa que podían haber intentado es acordar una reunión informal con el viceprimer ministro, Nick Clegg, que habla español y que está casado con una española, y ver si lo embolicaban para que reconociera que habían hablado largo y tendido de Gibraltar comprometiendo así la postura oficial del Gobierno. Había una posibilidad de conseguirlo, ahora que Clegg está en horas bajas y en su partido le exigen que se distancie cuanto pueda de las posiciones de Cameron. No creo que hubieran sido capaces, pero se podía haber intentado, aunque hacerlo hubiera podido provocar que se encabronara con nosotros y perder así a uno de los pocos amigos que con poder tenemos en las islas.

En fin, que nuestro hombre, en tratos diplomáticos, todavía está verde. Esperemos que haya aprendido la lección.
 

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