Siempre Berlusconi

Emilio Campmany

Se nos cuenta que Sergio Mattarella, presidente de la República Italiana, ha vetado al profesor Paolo Savona como ministro de Economía alegando su euroescepticismo. El propósito confeso del jefe del Estado ha sido proteger los ahorros de los italianos, visto que la Bolsa se ha despeñado y la prima de riesgo se ha disparado. Sin embargo, es muy dudoso que Mattarella tenga constitucionalmente derecho a hacerlo. Cabe la duda de si no podía la Liga Norte, que es quien ha impuesto como conditio sine qua non a Savona, haber propuesto otro nombre. La insistencia suscita la sospecha de que ha sido el propio jefe de la Liga, Matteo Salvini, el que ha hecho descarrilar el tren para ir a unas elecciones en las que podría obtener mejores resultados. Sin embargo, el enfado homérico del atrabiliario líder italiano, euroescéptico y filorruso, desdice esta posibilidad.

Para entender lo ocurrido, hay que contar la historia completa. Para empezar, hay que tener en cuenta que Berlusconi no pudo presentarse a las elecciones del 4 de marzo porque estaba inhabilitado. No obstante, continuó siendo el jefe, no sólo de su partido, Forza Italia, sino de la alianza de centro-derecha, integrada por su partido, el de Salvini y el relativamente pequeño Fratelli d’Italia. Mattarella se negó absurdamente a permitir que el centro-derecha, que obtuvo el respaldo de casi el 40 por ciento de los electores, intentara formar Gobierno. Su actitud enojó a Salvini y a Giorgia Meloni, líder de Fratelli d’Italia, pero no a Berlusconi, que adoptó una actitud discreta.

Luego, cuando Giulio Di Maio, líder de los pentaestrellados, sondeó a la Liga, Salvini exigió que se contara con su jefe, Berlusconi. Di Maio vetó al cavaliere por representar todo lo que odiaban sus electores. El magnate, en un gesto de aparente generosidad, liberó a Salvini de su compromiso y le permitió negociar con Di Maio. Ambos pactaron un programa que estipulaba un gran aumento del gasto social y no aclaraba cómo se financiaría. Mientras Salvini y Di Maio negociaban y se ponían de acuerdo, la Justicia determinó el pasado día 16 que Berlusconi dejaba de estar inhabilitado por buena conducta y, por lo tanto, podía ya presentarse a unas elecciones y ser en su caso presidente del Consejo de Ministros.

Se supone que Mattarella ha nombrado a Cottarelli, partidario de los recortes presupuestarios, para tranquilizar a los mercados. Sin embargo, la sangría no se ha frenado. La única consecuencia práctica de su nombramiento es que no conseguirá la confianza del Parlamento y habrá elecciones en octubre. Y, aunque la consiguiera, su propósito no pasa de aprobar los presupuestos de 2019 y convocar elecciones para la primavera de ese año. Berlusconi está convencido de que ganará esos comicios. Lo único que podría aguarle la fiesta, dado que la izquierda está completamente rota, es que la Liga y el Movimiento se presentaran en alianza bajo el programa con el que intentaron formar Gobierno. Pero sería arriesgado porque tienen bases electorales antagónicas. Así que el más probable jefe del Gobierno tras las próximas elecciones no es otro que Silvio Berlusconi. ¿Quién si no?

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