La Monarquía

Seamos serios

Emilio Campmany

¿Qué clase de pueblo somos? Desde muy pocos años después de empezar a asomarme a los periódicos, vengo viendo el muy abundante y sedoso jabón que los medios vienen dándole a don Juan Carlos entre los aplausos de todos. Entre las muchas hazañas de nuestro monarca, se encuentra la muy notable de haber traído la democracia. Toda la prensa, pero muy especialmente la de izquierdas, se ha aplicado con generosidad a vender esa historia tan bonita de cómo el rey, con la ayuda inestimable de Sabino Fernández Campo, nos libró de un golpe de Estado fascista encabezado por un guardia civil de opereta. Siempre protegido por nuestra izquierda que, por no ser monárquica, se decía juancarlista. Y don Juan Carlos, agradecido, se gustó siendo cómplice de Felipe González y empalagoso adulador de Rodríguez Zapatero. Y nadie protestó.

Ni nadie dijo ni pío cuando Su Majestad descendió a echar una mano a amigos y conocidos agobiados con causas penales por haber sido intermediarios de operaciones en las que intervinieron jeques súbitamente destronados y gobernantes hábilmente convencidos para que ayudaran a volver a entronizarlos. Y a todo el mundo le parece estupendo que nuestro rey, el rey de España, se codee, como si de un hermanastro pobre se tratara, con todos los sátrapas y dictadorzuelos del Golfo, que de dónde iban a ser si no. Y mucho más si la amistad es con el rey del vecino Marruecos, adonde todos nuestros políticos, y nuestro rey el primero, van a rendir pleitesía a cambio de no sé qué favores, que me gustaría no morirme sin que alguien me dijera cuáles son.

Todo ello sin contar las muchas humillaciones que lleva decenios soportando estoicamente nuestra reina sin que apenas haya habido ningún caballero español que haya puesto el grito en el cielo por el trato dado a una señora que es la reina de España. Y que lo es, no porque lo decidiéramos nosotros, sino porque la eligió él para que lo fuera.

Y ahora, porque el rey se ha ido a cazar elefantes a Botsuana, la institución se nos hace insoportable, antipática y obsoleta. Llevan tanto tiempo los socialistas convenciéndonos de que el paraíso nos será concedido cuando todos seamos pobres, que nos sentimos insultados si el rey hace lo que sea que se supone que hacen los ricos. Y en cambio, cerramos los ojos cuando le saca a este o aquel jeque unos barriles a precio de ganga, o los volvemos piadosamente para no ver los desplantes que hace a doña Sofía. Parecemos esos maridos cornudos que todo lo consentimos a cambio de inconfesables beneficios, pero que nos ofendemos teatralmente en público si nuestra mujer aparece con un escote algo menos discreto de lo conveniente. Por una vez y sin que sirva de precedente, seamos serios. Es probable que haya muchas cosas que afear a don Juan Carlos, pero la de cazar elefantes en Botsuana no es una de ellas. 

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