Caso Mari Luz

Sé tú mismo

Emilio Campmany

A la gente de derechas nos pasa lo que a Groucho Marx, que no nos gusta pertenecer a un club que admite gente como nosotros. Si ahora, tras el asesinato de Mari Luz, se hiciera una encuesta sobre la cadena perpetua o la pena de muerte para pederastas asesinos es muy probable que un porcentaje elevado de la población, no necesariamente de derechas, se mostrara favorable a una reforma del Código Penal en ese sentido. Pero en cuanto el PP levantara la bandera de esa reforma, los potenciales electores huirían aterrados ante la posibilidad de entregar el poder a alguien que piensa igual que ellos.

Enrique López, jurista de buena cabeza, opina que la Constitución permite castigar algunos delitos con cadena perpetua siempre que la perpetuidad fuera revisable. Yo creo que no. Cuando el artículo 25 exige que las penas privativas de libertad estén orientadas a la reeducación y reinserción social está prohibiendo cualquier otra que no esté orientada a eso, y una condena a cadena perpetua, por muy revisable que sea, no está "orientada" hacia ninguna reeducación o reinserción. Ahora, este debate jurídico es irrelevante. Si de verdad quisiéramos introducir la cadena perpetua para los delitos más repugnantes, como el asesinato de Mari Luz, y resultara que el artículo 25 puede ser un obstáculo, se reforma la Constitución y punto.

Pero ninguno de los dos partidos políticos con suficiente fuerza para emprender semejante reforma tiene la más mínima intención de hacerlo. Y no lo hará, no porque sus dirigentes no crean en ella, sino porque temen que, de hacerlo, serán castigados en las urnas.

Al parecer, a los electores nos parece muy bien mandar al trullo al conductor que, después de haber cenado con media botella de vino y haber acompañado el café con un orujo de hierbas, se atreva a volver a su casa conduciendo su automóvil, sin importar que la distancia a recorrer sea de apenas un par de kilómetros y que, al hacerlo, no haya violado ninguna otra norma del Código de la Circulación. Y, sin embargo, el que se enchirone de por vida a un tipo que asesina a una niña de cinco años tras abusar sexualmente de ella nos parece una bestialidad.

Si alguien se atreviera a demandar la cadena perpetua sin posibilidad de revisión para pederastas asesinos, terroristas, bandas del crimen organizado, cárteles de la droga y demás, enseguida vendrían las huestes de la "izquierda ilustrada" a contarnos desde sus medios de comunicación de masas que la dureza de las penas nunca evitará la comisión de delitos, que hay que odiar el delito y compadecer al delincuente, que de nada sirve a la víctima la crueldad de la condena, que el Derecho Penal no puede ser vengativo y demás viejas retahílas.

Luego lo tildarían de bruto y facha para avergonzar a todo espectador que haya tenido la debilidad de pensar lo mismo que ese bestia que sacan por la tele echando espuma por la boca. Por eso, el PP nunca defiende estas ideas, a pesar de ser las de quienes le votan.

¡Ya está bien! Si es verdad que vamos a reformar la Constitución para algo tan trivial como es asegurarle el trono a doña Leonor, aprovechemos la reforma para suprimir del artículo 25 la necesidad de que las penas se orienten a ninguna otra cosa que no sea castigar al delincuente, al menos en los delitos más graves y repugnantes. Al renovado PP se le brinda una magnífica ocasión para defender sus ideas y las de su gente. Me temo que, por enésima vez, la desaprovecharán.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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