PP

Sangre y esfuerzo

Emilio Campmany

 

El Congreso del PP podía haberse quedado en una fiesta de la unanimidad dedicada a celebrar los éxitos electorales, pasados y futuros. Pero, tras resolver lo que podríamos llamar el desafío de las abogadas del Estado dando el poder del partido a una, Cospedal, y el del Gobierno a otra, Soraya, sin que ninguna pueda mangonear en la esfera de la otra, ha acabado siendo un apogeo de afirmación personal de Rajoy. Se ha plantado en el centro del redondel y ha dicho "soy yo", como podría haberlo hecho Marta Sánchez o Raquel del Rosario. Ha completado la letra con un verso que decía algo así como “soy yo quien os va a sacar de la crisis”. 

Pero más allá de esta excesiva reivindicación de uno mismo, el gallego ha hecho un gran discurso churchilliano muy patriótico de los de prometer "sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor". Los habrá que destaquen los muchos tintes demagógicos de sus palabras, en esas zonas donde, haciendo de diablo cojuelo, ha levantado los tejados de toda España para denunciar las muchas miserias que la crisis económica ha traído a nuestros hogares. No faltarán los que denuncien la ausencia de programa ideológico en un discurso que renuncia a las ideas para afirmar la propia capacidad de gestión. No es suficiente, para un partido derechas, afirmar con orgullo que "lo hacemos mejor que los de izquierdas". Entre otras cosas, porque no va a ser suficiente gestionar mejor desde la izquierda, sino que hay que decidirse a aplicar las ideas de la derecha, que se supone que son las suyas y las de quienes le han votado.

Pero nadie podrá negar el valor que hay que tener para, siendo un político español de nuestra derecha en vísperas de unas elecciones trascendentales en Andalucía, la comunidad autónoma más grande, aprestarse a ganarlas prometiendo apretones de cinturón, sacrificios y lo que Rajoy llama "hacer lo que hay que hacer". La cosa tiene mucho más mérito cuando se considera que precisamente Andalucía es la comunidad más subvencionada del Estado, el lugar donde más gente hay dependiendo del presupuesto y, por tanto, donde los recortes pueden hendirse más en la piel de los ciudadanos. Pretender ganar unas elecciones, ¡en Andalucía! con la promesa de “esfuerzo, sangre, lágrimas y sudor” me parece un hecho novedoso muy destacable y apreciable.

Es verdad que Arenas ha estado más comedido, pero ha centrado su discurso en asumir la responsabilidad de las medidas del Gobierno, la subida de impuestos, que quizá en Andalucía no haga mucha mella, y la reforma laboral, que con toda seguridad la hará. Y eso es también notable. Sólo falta que el PP obtenga en nuestro Sur una mayoría absoluta con semejante mensaje, si es que lo reiteran en la campaña. Si llegara a ser así, me quitaré el sombrero, no sólo ante el PP, sino, sobre todo, ante mis compatriotas andaluces. Estoy deseando tener que hacerlo.

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