PSOE

Sánchez no pasa el control de calidad de Podemos

Emilio Campmany

Cuando Sánchez grabó aquel vídeo-respuesta a Pablo Iglesias reconociendo que era de la casta no sabía cuánta razón tenía y el daño que le iba a hacer admitirlo. Así que, a vuelta de correo, le han tirado ese boñigazo consistente en recordarle que, en efecto, pertenece a la casta, tal y como prueba el haber formado parte durante cinco años de la Asamblea de Caja Madrid.

Pedro Sánchez, por su parte, se ha defendido como ha podido, diciendo que él no tenía nada que ver con las decisiones que allí se tomaban. Sin embargo, la Asamblea General era el máximo órgano de dirección de la caja, y sin su aprobación Miguel Blesa no podría haber perpetrado ninguno de sus entuertos. Sánchez podía haber dicho lo que probablemente sea la verdad, que él no se enteró de nada y que votó a favor de lo que venía de arriba sin preocuparse de más porque no estaba allí más que para eso y para cobrar y para que le dieran, a ser posible, un préstamo blando. Pero, claro, eso no lo puede decir, mucho menos siendo economista y teniendo por lo tanto la formación suficiente para haberse enterado de todo a poco que hubiera querido. Por eso, prudentemente prefirió no reflejar aquella peripecia vital en su biografía.

Lo que más gracia tiene es lo contentos que se han puesto sus rivales cuando se ha conocido el baldón que mancilla el currículo del candidato de Susana Díaz. Lo digo porque Sánchez no estaba en la Asamblea General de Caja Madrid por llamarse Pedro, ser economista o tocar la flauta travesera. Estaba allí por ser socialista. Y si la breva le hubiera caído a Madina o a Pérez Tapias, que muy bien podría haberlo hecho ya que los dos son tan socialistas como Sánchez, ninguno le hubiera hecho ascos. No sólo, sino que la ley que entregó las cajas a políticos y sindicalistas como Sánchez fue obra del PSOE de 1985, ése que tanto periodista de derechas añora ahora diciendo que España necesita un PSOE fuerte que represente a la moderna socialdemocracia como en tiempos de Felipe González. Aquel PSOE tenía de socialdemócrata lo que Alfonso Guerra de fraile cisterciense. ¿Cómo puede ser un desdoro para ser secretario general del PSOE haber ocupado un cargo que inventó el propio PSOE para "democratizar" las cajas?

Pues lo es. Y lo es porque ahora para ser dirigente del PSOE hay que haber pasado el control de calidad de Podemos. Y uno que haya estado en Caja Madrid no lo pasa. Piensan los socialistas que, con un secretario general que aprobó lo que hizo Blesa, Pablo Iglesias y Monedero les robarán buena parte de sus votos. Quizá tengan que perderlos de todos modos, pero al menos con un secretario general que no desentone en Podemos podrían pedir ser absorbidos y que les dejaran repartirse las migajas de lo que sobre, en Caja Madrid o donde sea.

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