Sánchez debería alguacilar a May

Emilio Campmany

Como el Gobierno español está ocupado deshojando la margarita para decidir si va o no a Cataluña a celebrar el Consejo de Ministros del 21, nada ha dicho de la pretensión de Theresa May de reabrir la negociación del Brexit para cambiar a su favor algunos de los aspectos relativos a la frontera con Irlanda. Borrell debería recordarle a la ínclita primera ministra que cuando España pretendió lo mismo para aclarar lo de la frontera con Gibraltar, ella alegó que el pacto ya estaba cerrado y lo único que podía hacerse eran aclaraciones interpretativas por medio de cartas. Y Bruselas la apoyó. El Gobierno español, que había reaccionado tarde y mal, se conformó con esa solución y la vendió como un éxito. May también lo vendió como un éxito, pero por las razones contrarias. Afirmó en la Cámara de los Comunes que lo acordado era papel mojado porque no implicaba vinculación jurídica alguna. Ahora es ella la que necesita reabrir la negociación para mejorar la posición británica y lograr que el tratado sea ratificado por su Parlamento. Bruselas y la misma Merkel le han dicho que se olvide. Que lo más a lo que puede llegarse es a lo mismo que ella nos ofreció a nosotros, una interpretación más o menos favorable a los intereses británicos por medio de un documento exterior al tratado sin cambiar una coma de lo ya pactado. Pero, como ella recordó en su Parlamento, eso no conllevaría ninguna obligación jurídica.

Es alarmante que el Gobierno español, que acusa al catalán de dejación de funciones, no se haya percatado de la obligación que tiene de recordar a May lo que ella misma dijo cuando España pretendió modificar el artículo 184 del tratado del Brexit. No sólo, también debería exigir a la premier británica que, si el texto se reabre, lo primero que habrá que hacer, antes de modificar nada respecto a Irlanda, es dar satisfacción a las exigencias de reforma que en su día planteó España y que tan sólo han sido atendidas por medio de una carta del embajador británico. A ver qué tal cae eso en su Parlamento.

Es sencillamente increíble que, pretendiendo May hacer lo que ella nos impidió hacer, el Gobierno de España no haya exigido con particular vehemencia que la inglesa se trague la misma medicina que en su día nos recetó. ¿Qué pasará si los británicos se salen con la suya? ¿Qué cara se nos quedará si consiguen reabrir el texto, mejorarlo a su favor y la indefinición de la frontera con Gibraltar subsiste? ¿Cómo nos sentiremos si Bruselas nos traiciona y permite a May hacer lo que a nosotros no nos consintió? Tendría delito que por segunda vez Borrell dejara pasar los días y proteste cuando ya no se pueda hacer nada. Parece que al Gobierno no le basta una humillación y está esperando una segunda sobre el mismo asunto para poder darse por satisfecho.

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