Roma no paga a traidores. El PSOE, sí

Emilio Campmany

El PSOE tiene una larga tradición en lo de absorber líderes de otros partidos. Empezó la cosa con el PSP de Enrique Tierno. Así se incorporaron José Bono y Raúl Morodo. Luego vino la integración de comunistas como Enrique Curiel y Diego López Garrido, aunque hubo muchos más. También se han trabajado los socialistas a lo que hay a su derecha. El caso más sonado fue el de Francisco Fernández-Ordoñez, cuya traición fue recompensada por Felipe González con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Recientemente, quien brilla por haber sido su traición premiada casi igual de espléndidamente es Irene Lozano, proveniente de UPyD. Ha sido negra de Sánchez, secretaria de Estado de la España Global y actualmente preside el Consejo Superior de Deportes.

No se crea que la munificencia del PSOE con quienes traicionan a sus partidos y se pasan a sus filas es prodigalidad. Es más bien sabiduría mafiosa. En las organizaciones criminales italianas saben que hay que premiar espléndidamente a quienes traicionan sus compromisos por convertirse en leales a la organización. No es, como en el caso del PSOE, una cuestión de agradecimiento, sino de ejemplaridad. Se trata de que todos sepan cuán bien pagados serán los traidores que procuren algún beneficio a la organización.

Da toda la impresión de que el propósito de Sánchez es absorber a Ciudadanos dando a sus líderes suculentos cargos para que, una vez derrochado el capital electoral que un día poseyeron, puedan al menos conservar los cargos. ¡Qué digo conservar! Los que se salven podrían, como la Lozano, llegar a secretarios de Estado o incluso a ministros. Se huele la traición no sólo por la incomprensible actitud de Arrimadas ofreciéndose de alfombra a Sánchez. Está el anuncio de la voluntad del PSOE de ampliar la coalición que le sostiene en el Gobierno. Está la disposición de Garicano a ponerse de acuerdo con el PSOE en cuanto a los Presupuestos Generales. Y está, sobre todo, la actitud de Ignacio Aguado segándole la hierba a Ayuso en la Comunidad de Madrid y ofreciéndose a Gabilondo para apañar una nueva coalición de gobierno.

El caso de Aguado es especial por dos razones. Por un lado, sus escasas entendederas permiten verle venir desde muy lejos. Por otro, tiene en su mano la posibilidad de cazar para Sánchez su presa más preciada, Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad de Madrid está poniendo en evidencia la pésima gestión del Gobierno de Sánchez. Especialmente hiriente para el Gobierno ha sido el envío de un notario a que diera fe de que Aduanas retenía un cargamento de suministros sanitarios adquirido por la Comunidad. Apenas aparecido el fedatario, y ante el riesgo de graves consecuencias jurídicas, el cargamento fue inmediatamente liberado. Fácilmente se puede imaginar el rostro tensado de Sánchez al conocer la noticia. Es evidente que le tiene ganas. Y quien puede ofrecerle su cabeza en bandeja de plata es Aguado. Ya veremos por cuánto la vende. No me extrañaría que encima fuera por poco, aunque ya estará la magnanimidad del PSOE para compensar la estulticia del otro.

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