Rivera necesita 'finezza'

Emilio Campmany

El que haya ahora cuatro partidos de ámbito nacional en vez de dos y que ninguno tenga ni por asomo fuerza para lograr una mayoría absoluta les obliga a pactar. Y, sin embargo, estos acuerdos no serán tan fáciles de alcanzar como se había previsto. Por un lado, al PSOE y al PP les están exigiendo cosas, como que los imputados dimitan o celebrar primarias, muy diferentes de las que estaban acostumbrados a dar, la concejalía de urbanismo y cosas por el estilo. Por otro, los nuevos partidos no quieren ser acusados de sostener a los de la casta porque eso podría perjudicarles en las generales de noviembre. Podemos ya ha decidido que prefiere asociarse con el PSOE y presentarse como el martillo del PP antes que regenerar nada. Pero el electorado de Ciudadanos es más exigente y presumiblemente no tolerará complacencias con la casta. Y, sin embargo, desde el momento en que Rivera posee la llave para la formación de algunos gobiernos y de la elección de numerosos alcaldes, tendrá que al final fijar un criterio que no ensucie su imagen de regenerador si quiere llegar con ella intacta a las generales.

Lo primero que hay que hacer es decidir si lo mejor es establecer un criterio general, y que sea lo que tenga que ser, o premiar en cada lugar lo que parezca más conveniente según las circunstancias locales. Una solución puede ser la de apoyar la lista más votada sin más. Tiene este sistema sin embargo el inconveniente de que no permite imponer condiciones regeneradoras y puede en según qué lugares dar el gobierno a partidos muy ensuciados localmente, como el PSOE de Andalucía o el PP de Valencia o Madrid. Pero recurrir a un criterio diferente para cada sitio puede parecer nada más que un pretexto con el que esconder alguna clase de acuerdo inconfesable. También podría intentarse establecer un programa regenerador muy exigente y entregar el gobierno a quien lo asuma.

Esta es la única forma de salvar la cara y conservar sin mancha la imagen de partido sinceramente reformista. Y, sin embargo, también tiene un inconveniente. Es sabido que la gran mayoría de los votantes de Ciudadanos son exvotantes del PP y que, de momento, hay muy pocos que sean viejos electores del PSOE. En estas condiciones, cabe esperar de los electores de Ciudadanos mayor comprensión con que se dé el Gobierno al PP que no al PSOE, pues cabe presumir que quienes se decidieron a abandonar el PP por Ciudadanos no lo hicieron para franquear el paso al PSOE. Claro que si Ciudadanos quiere rebañar votos de socialistas moderados, a su alcance ahora que el PSOE parece dispuesto a arrojarse en brazos de Podemos, tendrá que evitar que pueda ser visto como el partido que sólo sirve para redondear mayorías del PP.

Está claro que Albert Rivera va a necesitar grandes dosis de lo que Andreotti llamaba finezza.

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