G-20

Reunión de chisgarabises

Emilio Campmany

Menos José Blanco y Leire Pajín, todos en España nos hemos sorprendido, cuando no aterrado, de que Gordon Brown haya pedido a Zapatero mediar entre él y Obama, por un lado, y Sarkozy y la Merkel, por otro. Cómo estará la cosa de la economía que la esperanza de que los líderes mundiales alcancazaran un acuerdo acerca de cómo salir de la crisis dependía de la habilidad mediadora de nuestro presidente.

Se supone que la necesidad de negociador se deriva del hecho de que Obama y Brown pertenecen a la socialdemocracia avanzada y Sarkozy y Merkel a la derecha moderna. Si han decidido recurrir a Zapatero como amigable componedor será porque lo ven como un espécimen a medio camino entre una cosa y otra. No lo veíamos nosotros así. Él mismo se presentó como un "rojo" radical, una especie de antiglobalización muy parecido a los que tan pacíficamente se manifiestan en Londres. No se comprende que los líderes mundiales lo hayan elegido para mediar entre ellos.

¿Qué está ocurriendo aquí? Muchos españoles nos avergonzamos del papel que Zapatero desempeña en el mundo, de que irrite a los americanos retirando las tropas de Irak sin esperar a una resolución de la ONU que colmaría sus exigencias, de que nos avergüence mendigando una silla en la reunión de un club al que no pertenecemos, de que encienda a todos los aliados de la OTAN ordenando la retirada de nuestras tropas de Kosovo sin previo aviso, de que se ponga en evidencia patrocinando una alianza precisamente con los países de donde salen los terroristas que atacaron Nueva York, Washington, Londres y, según él, también Madrid. ¿Cómo es posible que al primer ministro británico, por muy laborista que sea, se le haya ocurrido tirar de nuestro presidente para resolver las diferencias que pueda haber entre Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania?

Sólo hay una explicación. No sólo los españoles, sino que la mayoría de los occidentales, estamos en manos de chisgarabises. A Bush lo pusieron pingando por ignorante y torpe. Llegaron a calificarlo como el peor presidente de la historia de los Estados Unidos, lo que, habiendo existido Jimmy Carter, equivale a un grave insulto. Y ahora resulta que, a la vista de los primeros pasos de Obama, Arthur Herman anuncia en el Wall Street Journal la vuelta del "carterismo". Brown heredó la dirección del Gobierno de su país de un Tony Blair que nunca fue un alarde de consistencia casi con el fin de demostrar que todo es susceptible de empeorar. Hoy, el partido conservador del blandito David Cameron posee unas expectativas de victoria que jamás soñó la madre del dirigente tory. De Sarkozy, qué vamos a decir. Aparte de toquetear a la Merkel todo lo que sus muchos encuentros le permiten, su máxima preocupación consiste en calzar unos zapatos que le levanten siete centímetros más del suelo para que no se note tanto lo mucho que le saca su nueva esposa, una modelo cañón. La única que se salva, con gran diferencia, es Angela Merkel, que está logrando que su país pase esta crisis sin la mitad de los agobios con los que la estamos pasando los demás y que encima tiene un marido que, aparte de ser catedrático de física cuántica, es un modelo de discreción.

Total, que nuestro Zapatero no termina de desentonar porque los demás no son mucho mejores que él. Dan ganas de apearse en marcha.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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