Izquierda

Renovar el PSOE

Emilio Campmany

Admitamos que el nuevo secretario general del PSOE es moderado. Eso tendría que significar que el nuevo líder no va a disputarle a Pablo Iglesias el espacio de la extrema izquierda y que querrá situar su partido entre Podemos y el PP. Sin embargo, ese espacio es más estrecho de lo que parece porque el PP actual está desarrollando una política de centro izquierda, o mejor, de viejo centro izquierda. Porque qué va a proponer este nuevo PSOE, ¿una subida de impuestos que ahogaría aún más la economía? ¿Un aumento de las ayudas para las que ya no hay financiación posible? ¿Y no se acercaría eso al programa de Podemos tras haberlo afeitado de demagogia y populismo?

Un PSOE moderado tiene sin embargo margen para destacar. No tiene sentido, por utilizar las palabras de Pedro Sánchez en campaña, reivindicar a Zapatero y a Felipe González. Eso ya lo hace el actual PP. El debate con Rajoy no puede basarse en la dialéctica derecha versus izquierda, sino que ha de ser transversal. Por ejemplo, en política fiscal, el PSOE podría pedir que la carga que padecemos se distribuya de diferente manera, que se combata con eficacia el fraude, que País Vasco y Navarra paguen realmente lo que deben y que desaparezcan los privilegios fiscales a sectores de la economía protegidos por razones políticas. Tampoco estaría mal defender que bajen los impuestos sobre las rentas del trabajo y suban los que gravan las de capital hasta igualarlos, dejando intacta, si quieren, la carga fiscal. ¿Son éstas propuestas de derechas? En materia de educación, el nuevo PSOE podría exigir que la educación pública universitaria fuera la de más calidad. ¿O es que no es de izquierdas que los títulos más valorados socialmente sean los de la universidad pública? Ocurre sin embargo que para lograr eso hay que expulsar de ella no a los pobres sino a los que no estudien. En materia laboral, podrían abanderar que las indemnizaciones por despido fueran consecuencia de un capital acumulado durante la vida laboral del trabajador, que éste cobraría en todo caso, si no es con ocasión de un despido, al llegar el momento de la jubilación. En todo caso, en materia laboral, el PSOE tiene mucho que aprender de sus correligionarios del centro y el norte de Europa.

Ahí tiene este nuevo PSOE mucho margen para el debate con el PP y demostrar que es una izquierda moderna progresista y no la vieja y anquilosada izquierda estatalista que hoy representa el PP. Claro que para eso tendrá que sacudirse a los muchos responsables de la corrupción presente y pasada que aún hay en el partido y librarse de la carga que representa su muy numerosa clientela, por no hablar de la UGT, cuyos escándalos privan de credibilidad a cualquier mensaje de renovación que quiera enviar. No sé si Pedro Sánchez estará dispuesto a hacer todo eso, pero probablemente su mentora, Susana Díaz, no.

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