Vendedores de aire, compradores de humo

Emilio Campmany

No hay forma de entender esta manera de negociar que tienen los políticos españoles. Hace más de mes y medio que se han celebrado las elecciones y ha habido que esperar hasta hoy para que Rajoy entregara a Rivera un papel con algunas propuestas en las que fundar un pacto. ¿No podía habérselo dado antes? Hace un par de días, el PSOE parió más de cincuenta hojas. ¿Era indispensable esperar tanto para hacer pública esa oferta? Tampoco se comprende por qué Rajoy propone hoy nada a Rivera si lo que se está negociando no es un pacto entre ellos, sino la investidura de Pedro Sánchez. ¿Qué más da que a Rivera le guste o no lo que Rajoy propone, si ninguno de los dos es candidato? Y si de lo que se trata es de transmitírselo a Sánchez, ¿para qué? Aunque el socialista contestara que suscribe de la cruz a la fecha las propuestas de Rajoy, éste ya ha dicho que no le votará ni harto de vino. Tampoco se entiende que Rivera acepte recibir una propuesta cuya aceptación por su parte es de todo punto irrelevante.

Ahora, todo esto sería secundario si al menos hubiera un genuino debate político. Sin embargo, los documentos que se intercambian están llenos de vacío y repletos de nada. No hay en ellos más que aire salpicado de humo. Bueno, quizá mienta. Sí que hay una propuesta que a todos ha encandilado y en la que los tres están de acuerdo: gastar más. Tal es el entusiasmo que ha suscitado la unanimidad en el despilfarro que, tras años de piadoso silencio y prudente alejamiento de las cámaras, los rancios dirigentes socialistas han sacado del baúl, oliendo todavía a naftalina, las viejas bufandas y los apolillados suéteres para aplaudir lo que se nos viene irremediablemente encima, más impuestos y más gasto. Luego se sorprenderán al ver que la Bolsa se despeña y la prima de riesgo se dispara.

Simulan los políticos que hay unas profundas diferencias de programa donde los populares exigen una cosa que los socialistas no están dispuestos a suscribir y Ciudadanos media entre ellos tratando de encontrar una fórmula intermedia que satisfaga a todos. Pamplinas. Tan sólo se discute quién presidirá el Gobierno, no lo que hará con él. Los que sí saben lo que harán, aunque no lo digan, son los de Podemos si Sánchez les deja que le hagan el favor de alojarlo en la Moncloa. Y que será algo más que subir los impuestos y gastar más. Y Rosell va diciendo por ahí que no le da miedo que gobierne Podemos. Qué razón tenía Lenin cuando auguraba que los burgueses le venderían la soga con la que luego los ahorcaría. Y así, entre banalidades y sandeces se pasa el tiempo y tras la Navidad llegó el Carnaval, la Cuaresma, luego vendrá Semana Santa y, finalmente, la Feria de Abril. Dicen que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece. ¿Será verdad también en nuestro caso?

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