Regeneración democrática

¿Quieren regenerar? Que lo demuestren

Emilio Campmany

La burra que nos quieren vender PP y PSOE es que la corrupción es cuestión de unos pocos, que el sistema los va detectando y poniendo a disposición de la Justicia y que se van a tomar medidas para que estos casos no vuelvan a producirse. Como puede fácilmente apreciarse, a la burra no le queda un diente y está tan llena de mataduras que tiene el cuerpo hecho un mapa. Porque si los casos de corrupción no fueran más que los normales no habría necesidad de reformar nada. Y lo peor no es eso. Lo peor son las reformas que proponen, que se ve a la legua que no están encaminadas a reformar nada, como la de que los políticos declaren sus bienes antes y después de sus mandatos, como si no lo hicieran ya y no fuera evidente que si tienen cuentas en paraísos fiscales es precisamente para no tener que incluirlas en esas declaraciones. O como la de controlar los viajes que hagan sus señorías a partir de ahora, cuando lo escandaloso es que hasta hoy no tuvieran que justificar ante nadie la naturaleza oficial de los viajes que hacían a costa de nuestro dinero.

En cualquier caso, si es verdad que PP y PSOE arden en deseos de regenerar la vida política española, el caso de Griñán y Chaves les ofrece una oportunidad de oro para demostrarlo.

Hace meses que los dos partidos mayoritarios expresaron su voluntad de disminuir radicalmente el número de aforados que padecemos en España. Muy bien, algo es algo. Y sin embargo ésta es la hora en que todavía no hay un sucio borrador de reforma que vaya por ese camino. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. ¿Por qué PP y PSOE no se apresuran a aprobar con carácter de urgencia una norma que prive a diputados y senadores de su privilegio de estar aforados? De ese modo, Griñán y Chavez tendrían que explicarse ante la juez Alaya y dejar que el Supremo cumpla con su verdadera función, la de fijar doctrina en trámite de casación y dejar de instruir causas por el mero hecho de estar envueltos en ellas un par de galopines que da la casualidad que son senadores.

No lo hacen porque creen, quizá con razón, que el Supremo será con ellos siempre más benévolo de lo que lo sería cualquier juez de a pie. Si fuera realmente así, sería intolerable. Y si no lo es porque todos los jueces son en principio igual de justos, ¿qué problema hay en privarles del aforamiento? Algún político tendrá la cara de decir, y no sería la primera vez, que a los aforados les perjudica el aforamiento porque les priva de una segunda instancia a la que recurrir una hipotética condena. Bien, pues que supriman la mayoría de los aforamientos, empezando por los de Griñán y Chaves.

¿Cuánto va a que no lo hacen? Y no haciéndolo, ¿cómo pueden pretender que les creamos sinceros cuando dicen que quieren regenerar la política?

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