¿Quiere Sánchez ser salvado?

Emilio Campmany

Es obvio que a España le conviene más un Gobierno PSOE-Ciudadanos que uno PSOE-Podemos apoyado por los independentistas. Pero es absurdo, y una prueba de la costra progre que recubre a la sociedad española, presionar a Ciudadanos para que lo propicie. A quien deberían presionar los medios de comunicación, la CEOE, el IBEX y todos los que tratan hoy de impedir el desastre que se avecina, es a Sánchez, no a Rivera. Parece que, de no ofrecerse Rivera, el PSOE no tendría más remedio que arrojarse en brazos de quienes quieren destruir España, como si eso fuera una consecuencia inevitable, cuando la verdad es que es una opción que el PSOE elige libremente a cambio del poder. Lo hizo ayer y lo volverá hacer hoy si no tiene una solución mejor para sus intereses.

El problema es que Sánchez está convencido, con la mayoría de su militancia, de que es preferible gobernar con comunistas y separatistas que con centristas o liberales. No es sólo cuestión de aritmética. La primera vez que Sánchez intentó subirse a los hombros de los independentistas, algunos socialistas, entre los cuales se encontraba Susana Díaz, lo echaron. Pero la militancia socialista, que es como es, lo volvió a aupar a la Secretaría General. La clave está en que la alianza con nacionalistas y comunistas garantiza un poder mucho más amplio y permite sacar adelante un programa mucho más socialista que cualquier pacto con centristas. Encima, es una alianza más sólida porque los nacionalistas no piden compartir el poder y los comunistas no constituyen una seria amenaza de sorpasso. En cambio, Ciudadanos puede en cualquier momento aliarse con el partido que haya a su derecha y dejar al PSOE en la oposición, algo que ya ha hecho en Andalucía y que es algo que el pesebre socialista soporta muy mal. Además, Ciudadanos podría llegar a ganarle unas elecciones. Es verdad que venderse a los nacionalistas tiene mala prensa, pero para superar este escollo basta con convencer a la parroquia izquierdista de que lo que la derecha llama sumisión no es más que mera disposición al diálogo.

Para convencerse de que lo del PSOE es estrategia y no necesidad de aritmética parlamentaria, basta recordar cómo Zapatero salvó a la ETA de la extinción por medio de la negociación para que hoy pueda tener cuatro diputados en las Cortes. Y cómo Sánchez prefirió darle la alcaldía de Madrid a Carmena antes que dejar que su candidato accediera a ella con los votos del PP.

Es el colmo que a las muchas personas influyentes que hay en España, y que no son políticos, no les preocupe que el partido mayoritario de la izquierda sea así, uno con vocación estratégica de aliarse con quienes quieren destruir la nación o empobrecerla. Y que en cambio se pongan muy vehementes con Albert Rivera, exigiéndole que se deje devorar por el monstruo socialista sin exigir prácticamente nada a cambio.

Para poder salvar a alguien es necesario que quiera ser salvado, que lo pida con educación y que ofrezca garantías de que hará lo que se espera de él.

A continuación