¿Quién es más socialista?

Emilio Campmany

Quizá no sea el umbral de unas elecciones generales el momento más adecuado para discutir los Presupuestos. Pero tiene la ventaja de que obliga a los partidos a retratarse. Y lo que se nos presenta es una discusión para ver quién es más socialista. Es como si el país fuera una inmensa bolsa de socialistas de diferente pelaje y junto a ellos no hubiera más que pequeñas células de liberales acogotados, viviendo escondidos en guetos invisibles a los ojos de un viandante poco observador.

No puede entenderse de otro modo el empeño de Cristóbal Montoro, y todo el PP tras él, por presentar estos presupuestos como "sociales". De forma que el debate no es si es o no conveniente para España tener unos presupuestos sociales, que se da por hecho que sí. La deliberación se centra sólo en si son suficientemente sociales a la vista de lo que tenemos para gastar. Básicamente, la tesis de Montoro es que son todo lo sociales que pueden ser frente a utopías que pretenden que deberían serlo más, cuando lo cierto es que no tenemos dinero bastante. Esta afirmación da por hecho que si hubiera la posibilidad de exprimir aún más los bolsillos del contribuyente, podría hacerse más política social. Pedro Sánchez, en cambio, acusa a Rajoy de ser el hombre de la troika y estar haciendo recortes innecesarios. Olvida que si aquí hay alguien que la troika pueda llamar su hombre, ése es el Zapatero de mayo de 2010. Como al parecer hay dinero de sobra, dice que él dará un ingreso mínimo vital a 740.000 familias. ¿De dónde lo sacará? Eso es un detalle que no tiene sentido discutir ahora que estamos hablando de grandes propuestas, como ésa de bajar el IVA cultural del 21 al 5 por ciento, que parece que no hay otro problema en España que los impuestos que pagan los de la farándula, porque debe de ser que no les alcanza con las subvenciones que les dan.

Lo que más gracia ha tenido, sin embargo, es que Montoro haya presentado sus presupuestos como los de un partido que cumple sus promesas frente a las utopías de los demás. Desde luego, los socialistas que lo son no sólo de hecho sino de nombre son profesionales del incumplimiento de promesas electorales. Pero este PP de Montoro y Rajoy no les va a la zaga y, como en el Parlamento nadie se lo dice, habla con granítica desvergüenza de cómo cumplen sus compromisos, como Mesalina lo haría de su virginidad.

¿Merecemos esto los millones de españoles que no somos socialistas? ¿Será que, aunque no lo seamos, en realidad nos da miedo que se apliquen las políticas en las que creemos y preferimos que se sigan aplicando las de los demás? ¿O será, como creen los políticos, que de una u otra forma todos somos socialistas a nuestra manera?

A continuación