Tribunal Constitucional

¿Quién bloquea qué?

Emilio Campmany

Las campanas prisaicas llaman a rebato porque el Constitucional está por declarar contrario a nuestra carta magna la ley del aborto. ¿Cómo podría atreverse a tanto? Pues nos explican en ca’ Janli que el PP bloquea la renovación del alto tribunal porque ahora mismo son mayoría los contrarios a la constitucionalidad de la ley al haberse pasado un progresista, Eugeni Gay, al bloque conservador. De forma que, con la actual composición, el TC tumbaría, por utilizar el fino lenguaje prisaico, ese canto a la vida que es la ley del aborto. Y eso explica que el PP no quiera ni oír hablar de renovar a los magistrados que deberían haberlo sido hace tres años ni los que toca renovar en noviembre de este año. Pero, Julio M. Lázaro y Fernando Garea, que son quienes firman la noticia, ocultan algunas cosas relevantes.

La primera es que Eugeni Gay tiene de progresista lo que yo de fraile. Fue designado por el PSOE, pero por indicación de Convergencia i Unió, porque los socialistas se llevan muy bien con los nacionalistas y siempre les dejan comer algo de su plato. Y los catalanistas designaron a un abogado de catolicismo militante, sector Unió, que, si le dejan, se cargará sin el menor remordimiento la ley del aborto socialista.

Pero, sobre todo, no cuentan que fue el PSOE quien bloqueó la renovación del Constitucional en 2007 para asegurarse que María Emilia Casas siguiera siendo la presidenta del Constitucional. Y, precisamente con ese fin, modificaron la Ley Orgánica que regula el funcionamiento del Tribunal, introduciendo la norma de que, mientras no fuera renovado el Constitucional, el presidente nombrado seguiría siéndolo a pesar de haber expirado el término de 3 años que fija la Constitución. Es verdad que en 2007 deberían haber salido tres magistrados conservadores y tan sólo uno progresista, la Casas, a cambio de 2 y 2. Pero, aun así, los constitucionalistas seguirían siendo mayoría al contar con el voto del progresista Manuel Aragón. Así que el PSOE prefirió seguir en minoría tan exigua con tal de seguir conservando la presidencia y posponer las votaciones todo lo que hiciera falta.

Luego, en 2008, murió Roberto García-Calvo, un conservador, y el PP exigió ser él quien designara al sustituto, puesto que fue ese mismo partido quien designó al fallecido. Los votos habían pasado de 7 a 4 a 6 a 4. Los constitucionalistas seguían teniendo mayoría. Pero, si el PP tragaba con que se hiciera la renovación del Senado sin que fuera renovado García-Calvo, la votación quedaría 5 a 5 y decidiría el voto de calidad del presidente que ya no podría ser María Emilia Casas, puesto que le tocaba ser renovada. El PP no quería renovar si no se le permitía nombrar al sustituto de García Calvo, pero, sobre todo el PSOE no quiso arriesgarse a que el nuevo presidente fuera un conservador o, aún peor, Manuel Aragón y que éste, en calidad de presidente, forzara las votaciones que María Emilia Casas había venido retrasando y que el estatuto fuera derrotado en toda la línea.

Y ahora que han salvado los muebles del estatuto a base de evitar la renovación y mantener en contra de lo que dice la Constitución a María Emilia Casas en la presidencia durante seis años, les entran las prisas por renovar a ver si se quitan de encima al meapilas que les endilgaron los de Unió. Y la culpa de todo es del PP. Hay que fastidiarse.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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