Vox

¡Que viene el coco!

Emilio Campmany

PP y PSOE se sienten amenazados por los nuevos partidos que pescan votos en sus caladeros habituales, la exasperada clase media. Quien más desasosegado se encuentra es el PP de Mariano Rajoy. Inquietante es que algunos de sus electores, quizá los menos fieles, se hayan decidido por un partido de izquierda nacional como es UPyD, atraídos por lo nacional y tras pasar por alto su izquierdismo. También lo es que, en Cataluña, buena parte del tradicional electorado del PP esté en trance de pasarse con armas y bagajes a Ciudadanos, un partido transversal cuya seña de identidad es el antinacionalismo. Y como a perro flaco todo son pulgas, va y viene Vox y provoca una grave escisión.

El primer intento de conjurar el peligro lo protagonizó el propio Rajoy cuando hace poco más de un año nos congratuló por no padecer en España la presencia de partidos estrafalarios. La tacha no ha logrado su objetivo y ahora las encuestas dicen que los estrafalarios podrían obtener unos más que decentes resultados en las europeas. Unas elecciones que, por ser de circunscripción única, permiten al votante de provincias pequeñas, que en las generales está obligado a elegir entre el PP y el PSOE, decidirse por lo estrafalario a despecho de las advertencias del presidente del Gobierno. Incluso Vox, recién formado y sin acceso a los grandes medios de comunicación, podría obtener representación.

Y eso sí que no están dispuestos a tolerarlo en Génova, 13. Percibo que la reacción a la rebelión que Vox representa ha sido la de alertar a la sociedad española contra el retorno de la extrema derecha, ese conglomerado del que Vox podría vagamente formar parte. Recientemente, La Sexta y Antena 3 han emitido un reportaje sobre esta supuesta vuelta. Naturalmente, no se nombra a Vox, pero sí se amenaza al espectador con el renacer del águila de San Juan a base de sacar gordinflones cabezas rapadas más criados con patatas bravas que endurecidos con horas de gimnasio. Todo ello envuelto en una caspa de guardarropía que muy bien podría haber sido prestada por los productores de Torrente. ¿Por qué apelar al fantasma de la extrema derecha cuando estos partidos no tienen ninguna posibilidad de obtener representación? España 2000 no encarna ningún peligro, al menos electoralmente. Vox, sí. Y la mejor manera de conjurarlo es aprovechar que el nuevo partido es de derechas y tiene un mensaje españolista, lo que lo hace susceptible de ser acusado en debates e informaciones de brocha gorda de fascistón.

Mientras, nadie denuncia el peligro que para España supone la extrema izquierda. Ésta no sólo está presente en la calle (véase lo ocurrido en Bilbao), sino que además ha colonizado Izquierda Unida y se está adueñando del PSOE. La permisividad de la que disfruta y la delicadeza con la que es tratada sólo se comprende cuando se observa que, además de romper escaparates, estos alborotadores tan sólo quieren más gasto público y más impuestos, un programa con el que muy bien pueden estar de acuerdo tanto Rubalcaba como Montoro.

A continuación