Qué se juega Occidente en Ucrania

Emilio Campmany

A la vista de las imágenes del satélite, el Pentágono está convencido de que Putin planea invadir Ucrania. Sin embargo, cabe la posibilidad de que el presidente ruso tan sólo quiera fanfarronear a ver qué saca. A largo plazo, sin embargo, es muy fácil saber lo que pretende. Quiere que las otrora repúblicas soviéticas de su frontera occidental caigan bajo su esfera de influencia. Ya es un insulto que las tres repúblicas bálticas estén integradas en la Unión Europea y en la OTAN, pero está decidido a que ni una más. Bielorrusia cayó del lado ruso el 4 de noviembre. La siguiente ha de ser Ucrania. Y luego seguirá Moldavia. Lo de Ucrania piensa Putin hacerlo por las buenas o por las malas. Probablemente decidió que sería por las malas cuando, en 2018, el patriarca de Constantinopla firmó el decreto de creación de la iglesia ortodoxa de Ucrania para independizarla del patriarcado de Moscú, un instrumento hasta entonces de la política imperialista rusa. En cualquier caso, Putin no va a consentir que Ucrania se integre en Occidente. Espera no necesitar recurrir a la fuerza militar, pero si se convence de que no hay otro camino la empleará, siempre que esté seguro de que Occidente no acudirá militarmente al rescate.

¿Puede Occidente disuadir a Putin de hacerlo? Es muy difícil después de que Obama se cruzara de brazos cuando Rusia invadió la franja oriental de Ucrania y se anexionó Crimea. El argumento del entonces inquilino de la Casa Blanca para no hacer nada fue que Rusia tiene muchos más intereses en Ucrania que los Estados Unidos, una realidad estratégica incontestable. La situación no ha cambiado. Pero, por si alguna duda había, Biden se ha limitado a amenazar con severísimas sanciones económicas, que es tanto como admitir que en ningún caso se emprenderán acciones militares.

A Ucrania, por tanto, no le queda otra que someterse por las buenas o hacer frente sola a Putin, en una guerra que con toda seguridad perderá. Lo único que de verdad podría disuadir a Putin es el escaso respaldo que la opinión pública rusa da a la Guerra del Dombás y el temor a que una acerada resistencia ucrania provoque más bajas de las que la población rusa esté dispuesta a tolerar. Pero, si Ucrania espera salvarse gracias a Occidente, ya puede despedirse de su independencia.

Y, sin embargo, Occidente debería emplearse a fondo en la defensa de Kiev. Para empezar, cuando hayan caído Bielorrusia, Ucrania y Moldavia, ¿qué podrán esperar las tres repúblicas bálticas, Polonia, Bulgaria, Rumanía y Turquía? Rusia siempre ha interpretado su seguridad en sentido ofensivo, partiendo del principio de que cuanto más territorio anexione, más seguridad tendrá. Ha sido así desde los tiempos del zar Pedro el Grande, y fue igual con Stalin. Putin no va a cambiar eso. Absorbida Ucrania, será tentador intentar romper la brecha Suwalki, en la frontera que separa a Polonia de Lituania, y contactar desde Bielorrusia con el enclave ruso de Kaliningrado.

Y esto no será lo peor. Lo más letal serán las conclusiones que saque China de cómo responde Occidente a la invasión de un aliado, cuando Pekín tiene muchas más razones para apropiarse de Taiwán que Rusia para invadir la exrepública soviética. En Ucrania, Occidente se juega mucho más de lo que parece.

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