Crisis de la derecha

¿Qué fue del sindicato del crimen?

Emilio Campmany

La victoria de Zapatero en marzo de 2008 se vio facilitada por la división de la prensa de derechas. Desde entonces, la hendidura se ha hecho aún más profunda. Se echa de menos aquel "sindicato del crimen" donde se reunió toda la prensa independiente con el objetivo de impedir que el Gonzalato se convirtiera en un régimen indefinido de partido único. ¿Por qué hoy, cuando el PSOE en el Gobierno constituye una amenaza de igual importancia, la prensa independiente no ha reaccionado igual que lo hizo al principio de la década de los noventa?

La explicación parece ser el 11-M. Mientras unos medios someten a crítica la versión oficial, que culpa a Aznar del ataque, otros prefieren conformarse con ella por miedo a que el régimen no soporte que la verdad se sepa. Pero el 11-M no basta para explicar el foso abierto entre los medios de derechas. Hay más.

Al principio de la legislatura pasada, el PP apenas reaccionó a los primeros disparates de ZP. Lo hicieron los sectores de la sociedad civil que se sintieron amenazados. Desde luego, lo hicieron las víctimas del terrorismo, arrastrando a los muchos españoles que simpatizan con ellas. Pero, sobre todo, reaccionó la derecha católica, a la que importaba, por supuesto, la investigación del 11-M, la constitucionalidad del Estatuto catalán y la negociación con ETA, pero que se sintió especialmente agredida con el matrimonio entre homosexuales y la reforma de la enseñanza y su corolario, la asignatura Educación para la Ciudadanía.

Todo un ramillete de agresiones, salpimentado con los ultrajes a la Corona, que la derecha podía haber repelido unida alrededor de sus medios de prensa. Sin embargo, cada cual, electores, políticos y medios, eligió el frente que le pareció más importante, dejando a un lado el resto. La mayoría no quiso mostrarse firme en todo a la vez para no parecerse a su caricatura, la derechona, la imagen con que la presentaba el Gobierno de izquierdas. En los medios es donde más se ha querido huir de ese retrato. Así, los que pusieron el acento en los ataques al Rey no quisieron dudar de la profesionalidad de la Policía en la investigación del 11-M. Y los que reaccionaron airadamente a los ataques a la familia no quisieron hacerlo con el mismo ardor a los ataques a la unidad de España.

Los hábiles socialistas, para hacer más honda la herida, han, por un lado, acusado de cavernícolas y ultramontanos a los pocos medios que se han enfrentado a ellos en todo. Y por otro, han colmado de halagos y atenciones por su "sentido del Estado" a los que no están en todas las trincheras.

La prensa de derechas no tiene por qué ser un monolito. Es más, conviene e interesa que no lo sea. Pero los principios son los principios. Está muy bien defender la Monarquía de todos y la visión cristiana de la familia. Pero no es menos importante que los españoles sean iguales ante la ley. Y, para que lo sean, no basta con ser súbditos del mismo rey, aunque ya no lo ultrajen (quién sabe por qué) sino que además hace falta pertenecer a la misma nación.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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