11-M

¿Qué cabe esperar del Supremo?

Emilio Campmany

A finales de este mes, el Tribunal Supremo resolverá los recursos presentados contra la sentencia del 11-M. No cabe esperar ningún vuelco. Los conspiracionistas saben que el estrecho cauce por el que se mueve el recurso de casación no permite al Supremo, aunque quisiera, demoler la instrucción, que es el único resultado que podría ser completamente satisfactorio para ellos. Los oficialistas, por su parte, una vez que la Fiscalía ha renunciado a insistir en al autoría intelectual de El Egipcio, saben que lo mejor que les puede pasar es quedarse como están.

A pesar de ello, la tesis oficial podría recibir algún varapalo.

La sentencia de Bermúdez era más conspiracionista de los que unos y otros han reconocido, pues sólo condenó como autores a tres de los acusados, de los cuales sólo uno lo fue como autor material. Puede que el Supremo absuelva a alguno de ellos.

Con todo, es necesario distinguir. La absolución de Trashorras y Gnaoui podría deberse a una diferente valoración técnica de su cooperación a la realización del atentado, pues fueron condenados por suministrar los explosivos, uno, y por ayudar a transportarlos, otro. El Supremo podría considerar que tales actos no implican verdadera y propia autoría en términos jurídicos. Una absolución en estos términos no pondría seriamente en apuros a la tesis oficial.

En cambio, la absolución de Jamal Zougam como autor material, sí sería un gran revés para los oficialistas. Recordemos que Zougam fue el único condenado de las personas que fueron detenidas entre el 11 de marzo, el día del atentado, y el 14 del mismo mes, día de las elecciones. Su origen marroquí, su religión musulmana, el ser considerado como fundamentalista por la Policía española –aunque nunca antes se la había condenado por nada– hicieron que su detención, el sábado 13 de marzo, convenciera a los españoles del origen islamista del atentado. Contra Zougam hay dos pruebas: la tarjeta del móvil que tendría que haber activado la bomba de la mochila de Vallecas –la única que la Policía pudo desactivar– se vendió en el locutorio regentado por él; además, varios testigos lo vieron en los trenes aquella mañana, a pesar de que él afirma que estuvo durmiendo en su casa.

No obstante, algunos de los testigos que lo identificaron lo describieron vestido de diferentes maneras e incluso uno de ellos lo recuerda con una escayola en la nariz. Otros se fijaron en él porque les empujó al moverse por el vagón, comportamiento impropio de un terrorista, y, aunque se le vio en varios trenes, hasta el punto de que algunos testimonios son incompatibles, nadie lo recuerda con más de una mochila. Encima, no se le ha podido probar ninguna relación con la célula de Leganés, la que se suicidó en un piso de esa localidad y que se supone que fue la que llevó a cabo el atentado.

Si el Supremo considera no estar suficientemente probado que fuera él uno de los que colocó las bombas, podría absolverlo de la autoría del atentado, dejando a la tesis oficial no sólo sin autor intelectual, sino también sin autor material.

No es el único punto relevante que tiene que resolver el Supremo. Donde más daño podría hacer su fallo a la tesis oficial es en el caso de que entrara a resolver la gravísima contradicción que contiene la sentencia de la Audiencia al absolver a Bouchar. Éste fue el que, por haber salido a bajar la basura cuando el piso de Leganés estaba siendo rodeado por la Policía, huyó del lugar hasta ser detenido en Serbia y entregado a las autoridades españolas. Pues bien, la sentencia de Bermúdez consideró probado que fue la célula de Leganés la que perpetró el atentado y, sin embargo, absolvió al único integrante de la misma que se sentaba en el banquillo, Abdelmajid Bouchar.

Si el Supremo aprovechara alguno de los recursos para entrar a resolver esta contradicción y llega a poner en tela de juicio la autoría de la célula de Leganés, los efectos para la tesis oficial serían letales. Si se duda de su autoría, el caso volvería en la práctica al punto de partida.

Así pues, para los que quieran por sí mismos ver en su día si la sentencia del Supremo sobre el 11-M tiene o no relevancia política, deberán buscar dos nombres: Jamal Zougam y Abdelmajid Bouchar. Las sorpresas no son probables, pero sí perfectamente posibles.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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