Contestación a Luis del Pino

Programa, programa

Emilio Campmany

Me regaña amistosamente Luis del Pino en su blog por aconsejar al PP una campaña de perfil bajo cuando, según él, los hechos demuestran que es el "perfil alto" el que permite recoger una mayor cosecha de votos en unas elecciones. Estoy de acuerdo con él. Su análisis de los resultados en Madrid capital en las municipales de 2007 es impecable y resulta muy ilustrativo, siempre y cuando estemos hablando de elecciones en general.

Sin embargo, cuando escribí lo que escribí, lo hice pensando en estas elecciones concretas, las que van a tener lugar en marzo. En ellas, hay que tener en cuenta varias cosas de las que Luis prescinde. Primero, tras el fracaso electoral en las municipales de 2007, el Gobierno del PSOE ha hecho un importante esfuerzo por corregir el rumbo, o, mejor dicho, por hacer que corrige el rumbo. Segundo, hay un notable número de electores (entre quinientos mil y un millón) que votan unas veces al PSOE y otras al PP. Es a ellos a los que se dirige este simulado cambio de rumbo y el PP necesita buena parte de esos votos para ganar. Tercero, estas elecciones generales se van a decidir en circunscripciones pequeñas, con gran cantidad de electores residentes en zonas rurales, donde la información libre no llega regularmente y en las que únicamente se percibirán con claridad los mensajes de brocha gorda. Y cuarto, el electorado de derecha está tan extraordinariamente movilizado que difícilmente dejará de ir a las urnas a votar a Mariano Rajoy aunque llegara a considerarle un melifluo, un bizcochable y un blandito (y todos sabemos que no lo es).

El PSOE ha cambiado las armas con las que se va a combatir el duelo. Eligió el garrote para las municipales, creyendo, con buen criterio, que es el arma que mejor domina y, a la vista del fracaso, ha decidido pasarse al florete. El estar en el poder le da derecho a elegir el arma. Y a la oposición del PP no le queda otra que aceptarla. Por otro lado, en estas elecciones, merece la pena dorarle la píldora al electorado que hoy vota una cosa y mañana otra porque apenas hay riesgo de perder el voto de lo que Luis llama, parafraseando a César Molinas, derecha volátil. Sólo habrá abstención en la derecha si, desde sus medios, se extiende la idea de que las elecciones están perdidas. Si se llega al 9 de marzo con la esperanza viva, acudirán todos a votar. El problema es que ellos no bastan para ganar. Hace falta el desánimo de los otros y el voto de los que hoy pueden votarte, pero mañana quizá no lo hagan.

Por último, insistía yo en que el perfil bajo no es incompatible con propuestas ilusionantes (a lo Sarkozy, como diría Luis). Por ejemplo, en vez de limitarse a denunciar la desastrosa política antiterrorista y de seguridad del PSOE, el PP podría, además, proponer una reforma del artículo 25.2 de la Constitución, el que dice que "las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social", para introducir en él una excepción que permita imponer la cadena perpetua y el cumplimiento íntegro de las penas a terroristas, narcotraficantes y miembros del crimen organizado, ya que es ese artículo de la Constitución el muro con el que choca la reforma que cada vez con más urgencia necesita nuestro Código Penal antes de que España se convierta en paraíso de criminales. Es sólo un ejemplo, pero hay decenas de propuestas como esta que podrían y deberían hacerse.

Así que, Luis, creo que estamos más de acuerdo de lo que parece, aunque no acabemos de estarlo del todo.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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