Magdalenas 'El Bello Pablo'

Emilio Campmany

Hacerse constitucionalista y darse el batacazo de la noche ha sido uno. Iglesias, cuando se presenta como populista, gana lo justo indispensable para redondear las mayorías del PSOE. Cuando decide disfrazarse de estadista y fingir moderación para tratar de arrebatarle al PSOE el liderazgo de la izquierda, va y se estrella. No se da cuenta de que populista se presentó y populista debería seguir siendo para disfrutar cuanto dure de ser tercera fuerza. Pero, empeñándose en ser primera, puede acabar siendo quinta. De forma que corre el riesgo de tener que irse con Carmena a hacer magdalenas, a ver si a Errejón le gustan tanto como las que hace la exalcaldesa y se toma alguna de las que Iglesias le prepare convenientemente envenenada. En fin, allá los comunistas con sus magdalenas y sus reyertas.

La cuestión es cómo afecta al PSOE de Sánchez este resbalarse de Podemos por la pendiente que conduce directamente al obrador de Carmena. A primera vista, pudiera parecer que el Waterloo de Podemos da brillo a la victoria del PSOE. No está tan claro. Recuérdese que, durante la campaña de las generales, el PSOE se cuidó mucho de atacar a Podemos por evitar que su previsible descenso se convirtiera en desastre ya que Sánchez necesita a Iglesias para gobernar. No sólo, lo primero que hizo el presidente en funciones al conocerse los resultados del pasado domingo fue suplicar a Rivera y PP que le dejaran gobernar con el eufemismo de pedirles que levantaran "el cordón sanitario".

Evidentemente, para bien y para mal, las cifras del Congreso de los Diputados siguen siendo las mismas, pero los dilemas son diferentes, al menos en sus matices. Por supuesto, Sánchez puede salvar a Pablo Iglesias y darle el ministerio que le pida u otro de menor importancia. Pero ¿entenderá su electorado más moderado esa sumisión a un extremismo que encima huele a cadáver? Y, sobre todo, ¿se conformará Iglesias con el papel de mero redondeo a la baja del PSOE, da igual en qué ministerio? La única forma que tiene el podemita de recuperar algo de la mucha fuerza perdida es ponerse farruco y exigir cargos y programa, sobre todo programa, cuánto más radical, mejor. Si no logra hacer patente su influencia, está muerto. Tener que someterse a estas exigencias es la peor noticia para Sánchez, que es ahora el líder de la socialdemocracia europea y ambiciona conducir al PSOE a pastar de nuevo en las verdes praderas, esas hasta donde sólo se llega con los votos del centro. Este Iglesias, como un jabalí herido, no es el compañero ideal para hacer ese viaje. Por eso implora el socialista la caridad de Rivera e incluso la de Casado. Va listo. Al menos en lo que a la investidura se refiere. No le quedará otro remedio que ceder a las peticiones de Iglesias, que serán ahora mucho más radicales de lo que lo habrían sido el 29 de abril, además de tener que aceptar los chantajes de los nacionalistas. Eso o arrojarse al vacío de unas nuevas elecciones generales. Bonito dilema para este que se presenta como superviviente nato y no pasa de ególatra fatuo.

A continuación