Plagiador y fulero

Emilio Campmany

La maniobra con la que el PSOE pretende reformar la Ley de Estabilidad Presupuestaria con el fin de soslayar la segura oposición del Senado al desaforado aumento del gasto que el Gobierno pretende es un hecho mucho más grave de lo que los medios están en general dispuestos a reconocer. La trampa consiste en reformar la citada ley por medio de una enmienda al proyecto de reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial con el fin de evitar la competencia que la Mesa del Congreso tiene en toda tramitación.

Alega el PSOE que su forma de actuar ha sido empleada en numerosas ocasiones por el PP, pero ha olvidado que, en una de las que lo hizo, los socialistas recurrieron al Tribunal Constitucional y éste les dio la razón. Por otra parte, los motivos por los que un Gobierno con mayoría absoluta recurrió a este anómalo expediente son muy distintos a los de Sánchez. El propósito de aquel Gobierno era escamotear a la opinión pública el debate sobre la reforma propuesta con el fin de aminorar en lo posible el desgaste que podría acarrearle. Moralmente, es desde luego inaceptable, pero dista mucho de ser tan grave como son las motivaciones de Sánchez. Lo que pretende el presidente del Gobierno no es evitar el debate público, sino impedir la regular aplicación de las normas que rigen el proceso legislativo porque de otro modo, con la actual composición del Congreso, no podría conseguir en tiempo y forma lo que pretende.

Nótese bien que hablo de la actual composición del Congreso de los Diputados. Lo que está haciendo Sánchez es tratar de gobernar como si tuviera mayoría sin tenerla. De hecho, si la tuviera, la Mesa del Congreso estaría dominada por él y no tendría ningún problema en tramitar la reforma con la rapidez que necesita para tener aprobados los Presupuestos antes de las elecciones municipales y autonómicas. Es decir, no quiere convocar elecciones, pero desea gobernar como si hubiera ganado las últimas que se celebraron. El problema es que las perdió. Gobernar forzando cuanto sea necesario las normas para hacerlo como si dispusiera de una mayoría que está muy lejos de tener es un atentado contra la democracia.

Pero ¿qué cabe esperar de uno que tiene el cuajo de hacerse doctor copiando el trabajo de los demás y dejándose ayudar por un funcionario que recibió de un superior la orden de hacerlo? No hay que olvidar que el porcentaje de abandonos entre los doctorandos es altísimo (del orden del 85 por ciento). Y es tan alto porque hacer una tesis doctoral que cumpla los requisitos exigidos académicamente es una tarea que exige muchísimo esfuerzo. Sánchez no se arredró ante las dificultades. Buscó un tribunal dispuesto a aprobarle lo que le presentara, copió lo que necesitó y ni siquiera se rebajó a redactar lo poco de original que contiene su texto. Un tipo así no tendrá escrúpulos en saltarse cualquier norma que le dificulte alcanzar sus fines. De modo que es plagiador y fulero, pero ¿cómo no va a ser fulero un plagiador?

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