ETA

Pistolas cargadas de cursilería

Emilio Campmany

Es común a todo nacionalismo basar su movimiento en el principio de identidad entre nación y Estado. Pero, para tener una nación, hace falta un pueblo. Y para tener un pueblo, es necesario que tenga una historia. Y esa historia tiene que contar lo feliz que era ese pueblo cuando era real o imaginariamente independiente. 

Unos funcionarios de la ETA se han puesto a "dibulgar" (sic.) una iniciativa a la que llaman 1512-2012 con ocasión del quinto centenario de la conquista de Navarra. Se trata de que los navarros se enteren de cómo unos españoles (aunque en realidad fueron castellanos) invadieron su reino y lo incorporaron a España a hierro y fuego privándoles de lo que los batasunos llaman su estatalidad. Cuentan que érase una vez un pueblo navarro que vivía feliz y contento desde tiempo inmemorial en una tierra próspera y rica, gobernado por reyes sabios y bondadosos. Hasta que llegó el Duque de Alba, los conquistó y se inició la tenebrosa era del dominio español que aún perdura. 

Deben de creer que el reino de Navarra existió desde los tiempos de Adán y Eva hasta que unos brutos españoles decidieron acabar con él. Se olvidan los batasunos de los muchos derechos que al territorio tienen los romanos, hoy italianos, que todavía lloran haber sido expulsados de allí por los visigodos. Y si aquéllos se hubieran olvidado, habría que devolvérselo a los alemanes o ucranianos, los que con mejor derecho se crean herederos de los visigodos. Y todo ello contando con el beneplácito de los árabes, que algo tendrán que decir de la mucha violencia que contra ellos fue empleada para expulsarles de aquel paraíso. Todo eso sin contar con que tendrían que ver qué hacer con quienes desciendan de los castellanos invasores de 1512, que puede que algún batasuno sea bisnieto de uno de ellos. Sólo deberían poder disfrutar de las muchas bondades que la independencia les traerá quienes logren demostrar que son genuinos navarros, descendientes directos de los habitantes del reino antes de que fuera conquistado. 

Los nacionalistas siempre tienen algo de románticos. Les gusta volver melancólicos la vista atrás a contemplar la Arcadia feliz que un día fue la propia nación, hoy sojuzgada o menospreciada. Y al hacerlo, inventan, cosa perdonable. Lo que no hay quien perdone es la cursilería. Vean por ejemplo qué dicen los pro-etarras: “La historia nos enseña que fuimos independientes, y que dejamos de serlo, no por la voluntad de nuestros antepasados, sino por las conquistas españolas y las ambiciones francesas. La guerra, la colonización y la violencia han frustrado el libre desarrollo de nuestra identidad.” Dirán que tenían que haber organizado un referéndum, institución de generalizado uso en el siglo XVI. Leer semejante majadería da vergüenza ajena y sería para partirse de la risa si no fuera porque a estos señores les da por imponer sus enloquecidos planteamientos con tiros en la nuca de quienes no los comparten. Pero, eso no quita para que sean unos cursis.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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