Pasteles marianistas de la confitería Catalá

Emilio Campmany

No hay quién entienda el acuerdo por el que Casado ha cedido al PSOE la mayoría en el Consejo General del Poder Judicial a cambio de la presidencia del Tribunal Supremo. Mucho menos se entiende que tan delicada negociación se haya encomendado a Rafael Catalá, por mucho que el ministro marianista apoyara en su momento a Casado frente a Soraya. Coincide además con el momento en que Casado, sin que nadie se lo haya pedido, se haya desligado del marianismo con ocasión de la dimisión de Cospedal. Y, sin embargo, va don Pablo y come con Rajoy precisamente ahora, mientras tan perjudicial pacto judicial se alcanzaba.

Todo resulta tremendamente inquietante cuando se cae en la cuenta de que el presidente de la Sala y del tribunal que iba a juzgar a los presuntos rebeldes separatistas es catapultado a una presidencia de limitada importancia una vez que la mayoría del Consejo está en manos del PSOE. Para justificar esta increíble bajada de pantalones, en Génova alegan que tocaba renovar el Consejo y había que ceder para llegar a algún arreglo. En absoluto. Antes que esto, mejor hubiera sido seguir con los que estaban hasta que el PSOE se conformara con nombrar a nueve de los veinte y dejar que el PP designara a los once restantes y al presidente, que para eso fue, con diferencia, el partido más votado en las últimas elecciones.

Para colmo, los muy pazguatos, de manera sorprendente han aceptado que ninguno de los dos partidos pudiera vetar a los propuestos por el otro para que no hubiera bloqueos en la negociación. Esto ha permitido que en el Consejo entre gente tan hostil al PP como de Prada, el redactor de la sentencia de la Gürtel, base argumental de la moción de censura de Sánchez, y el juez Andreu, sospechoso de pertenecer al clan de Villarejo, con Garzón y Delgado a la cabeza. Y todo a cambio de poder colar a dos grises parlamentarios del PP sin que el PSOE rechistara. Poca remuneración para tanta cesión.

Es posible que Marchena haya ofrecido garantías de seguir controlando lo que ocurra en la Sala de lo Penal desde la presidencia del Supremo, pero no parece muy probable que pueda hacerlo cuando corresponde a los socialistas, por medio de la mayoría que a partir de ahora tendrán en el Consejo, nombrar al nuevo presidente que sustituirá a Marchena allí.

Por otra parte, la dirección del PP no ha filtrado a los periodistas que siguen la información de su partido ninguna explicación que aclare por qué han aceptado un acuerdo tan desfavorable. Esto hace sospechar que las razones son inconfesables. Probablemente, tan inconfesables como las que tuviera Rajoy para cometer los desmanes que cometió. ¿Así es cómo quiere Casado recuperar al electorado del PP? ¿Con acreditados pasteles marianistas de la reconocida confitería Catalá?

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