Faisán

Pastelerías Bermúdez

Emilio Campmany

Ballesteros, Pamies y García Hidalgo han debido de amenazar con que, si la cosa seguía, cantaban. Como la Sala competente iba a confirmar su procesamiento por colaboración con organización terrorista, Bermúdez acudió al rescate a toque de corneta y horneó el primer pastel. Ya no sería la Sala quien decidiera acerca de la calificación del delito, sino el Pleno. El plan era el ideado por la Fiscalía. Los policías cometieron un delito, sí, pero no el gravísimo de colaboración con organización terrorista, sino el de revelación de secretos, que lleva aparejada una pena más leve y que permite trasladar el caso a un juzgado de Irún.

Estando el pastel en el molde y habiendo el horno alcanzado su correcta temperatura, van la mitad de los magistrados del Pleno y dicen algo tan obvio como que avisar a un etarra de que va a ser detenido es colaborar con la organización a la que pertenece. El primer pastel ya no sirve y urge preparar otro. Para eso Bermúdez se las pinta solo. Se inventa que la cuestión a debatir no es la calificación del delito, sino si hay suficientes pruebas para procesar a los tres imputados, que es cosa que nadie discutía, ni siquiera la Fiscalía, que siempre reconoció la calidad de la prueba y sólo impugnó el tipo imputado.

El pastel sale redondo, en su punto y con un atractivo color dorado. Lástima que el olor que despide no esté a la altura. El caso es que todos los magistrados, sin excepción, se ponen de acuerdo en que se debe investigar más y devuelven a los procesados al escalón inferior, el de ser tan sólo imputados.

Este salto mortal con tirabuzón, este segundo pastel improvisado tiene para Rubalcaba la ventaja de aplazarlo todo a un momento posterior a las elecciones, pero no estoy seguro de que el pastelero haya cumplido a satisfacción con el señorito que hizo el encargo. Para empezar, el caso sigue en la Audiencia, lo que significa que el Pleno ha reconocido, implícitamente al menos, que el delito es colaboración con organización terrorista. En segundo lugar, el Pleno también deja claro que han sido uno o varios policías los que lo cometieron, pero que no hay completa seguridad de que fueran concretamente éstos que ahora había procesado Ruz. Eso deja muy mal a Camacho y a Rubalcaba, pues a sus órdenes no estaban sólo Ballesteros, Pamies y García Hidalgo, sino todos, incluidos los que dieron el chivatazo a ETA, seas quienes fueran. Y en tercer lugar, el futuro auto obliga a la Fiscalía a recurrirlo en perjuicio del candidato desde el momento en que formalmente ya se había convencido de que las pruebas contra los imputados eran suficientes para procesarlos y lo único que discutía era el delito por el que había que hacerlo.

Como ven, Pastelerías Bermúdez vuelve a llamar nuestra atención con una de sus creaciones, nunca del todo logradas, pero siempre sorprendentes.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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