PP-PSOE

Partido único

Emilio Campmany

Decía Julio César que fortuna audaces iuvat. Es lo que le pasa a Maleni, que, por más que los victorinos que le salen al paso la embisten y revuelcan, nunca los pitones llegan a herirla y siempre cae de pie, la tía. Ya sé que en Maleni es más desparpajo que audacia, pero es lo que va de los tiempos de Julio César a los nuestros. En todo caso, ya tiene mérito que te encausen por malversación de fondos y te dejen seguir siendo vicepresidenta de un banco. Porque si la hubieran acusado de envenenar al marido o atropellar a un anciano, por poco edificante que hubiera sido, habría tenido la explicación de que se trata de delitos que no pueden cometerse con ocasión de dirigir una institución financiera. Pero se trata de malversación de fondos, cuando lo que se hace en un banco precisamente es administrar dinero ajeno, que es lo que da la oportunidad de malversar. Mantener a alguien así al frente de una entidad bancaria es como darle a un sospechoso de asesinato un fusil de asalto o a un presunto narcotraficante las llaves del almacén donde la Policía guarda la droga decomisada. Y sin embargo, ahí la tienes, tan fresca, defendida no sólo por sus compañeros, que es cosa que no maravilla tratándose del PSOE, sino por el Gobierno del PP. Y ahí es donde quería yo llegar.

Cuando al principio de esta legislatura vimos a Rajoy tratar con obsequiosa deferencia a Rubalcaba creímos que lo hacía para preservar el liderazgo de este secretario general del PSOE y garantizarse la victoria en cualquier venidero proceso electoral. Y es verdad que se figura imposible que nadie pueda ser derrotado por Freddy. Pero luego ha llegado la conmemoración del 11-M y hemos visto al PP abrazar con el entusiasmo del converso la versión oficial, después de que Reinares la haya retorcido un poco para que Aznar ya no sea el responsable y la culpa sea sólo de la yihad. Luego nos percatamos de que en el PSOE nadie se atreve a mentar a Bárcenas. No sólo, sino que Soraya Rodríguez se deshace en almíbares hablando del ínclito señor ministro del Interior, anteayer bestia negra del buenismo. Sólo faltaba lo de Maleni para ver cómo en el PP en justa reciprocidad se ha consensuado que hablar de los ERE constituye una ordinariez aun más intolerable que la de organizar unas primarias.

Ya sólo nos falta verlos a todos juntos en el mismo Gobierno y se habrá mal que bien cumplido el proyecto de Felipe González de regalarnos un PRI que, al estilo mejicano, gobierne una democracia en la que siempre gane el mismo. El sevillano hubiera preferido que lo hiciera el PSOE solo, pero si hay que incorporar a Rajoy y a sus sorayos, tampoco vamos a hacer de eso una cuestión de gabinete.

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