Elecciones europeas

Paradojas españolas

Emilio Campmany

En España pasan cosas muy raras. Llegan las europeas y Arriola le dice al PP, cobrando no sé cuántos miles de euros por el consejo, que lo que tienen que hacer es movilizar a su electorado de toda la vida. No está mal visto si se considera lo alta que va a ser la abstención. Les bastaría sacar de sus casas a seis o siete millones de viejos votantes para obtener un resultado espectacular. Lo chocante es que esa estrategia de movilizar al electorado propio no incluía exhibir al militante que pasa por ser, al menos entre los del PP, el mejor presidente que la democracia española haya tenido, José María Aznar.

Luego, cuando a alguien se le ocurre llamar la atención sobre este sorprendente olvido, la prensa dependiente, dependiente del poder, quiero decir, sale en tromba a echar la culpa al propio Aznar. Por lo visto, el fibroso ex debería haber acudido a Génova en actitud mendicante a solicitar con el mayor de los respetos que le dejaran ir a sus mítines. Como si no fuera el partido el mayor interesado en que los viejos electores recuerden su legado. Eso daría ocasión a que algunos de ellos perdonasen los muchos desdenes con los que Rajoy les ha obsequiado durante estos dos años y pico de legislatura que llevamos.

En cambio, por seguir con las paradojas, en el PSOE han hecho lo contrario. Ya que orgullosos pueden vanagloriarse de tener entre sus militantes al peor presidente que haya tenido España en estos últimos treinta y tantos años, han decidido exhibirlo, no vaya a ser que algún elector haya olvidado a qué partido pertenecía quien nos condujo hasta la sima donde nos encontramos. Naturalmente, el ex no defraudó y nos regaló una de sus habituales ristras de sandeces, entre las que destacaba su llamada a construir "el momento social de Europa". Naturalmente, eso no significa nada, pero hay que ver la tontiloca convicción con la que el ojiplático personaje lo dice.

No obstante, creo que en el PSOE, aunque no sobre inteligencia, sí abunda la picardía. Y creo que Rubalcaba ha pedido la ayuda de Zapatero siguiendo una sibilina estrategia. Piensa Freddy que, por mal que lo hiciera el solemne, su presencia en campaña no puede hundir al PSOE más de lo que está. No sólo, sino que, estando perdidas como están las europeas, lo ideal es que, cuando ocurra una nueva debacle, las miradas no se vuelvan todas hacia él y a sus muchas carencias. El 26 de mayo, cuando tenga que explicar a los suyos por qué han perdido las elecciones y por qué él no va a dimitir, podrá no sólo achacarlo a la herencia de Zapatero, sino que también tendrá ocasión de alegar la insensatez que fue permitir la aparición del expresidente en los mítines. Ni a Clausewitz se le hubiera ocurrido una tal genialidad.

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