Caza al PP

¿Para quién trabaja PRISA?

Emilio Campmany

Cuando los socialistas llegaron al poder, se puso de moda entre ellos cambiar las tres "ces" –casa, coche y compañera– y El País se convirtió en el diario gubernamental. Ahora, con este "sociatas reloaded" que padecemos desde 2004, lo que ha hecho Zapatero es cambiar de grupo mediático en el que apoyarse. Se ha divorciado de la Prisa del fallecido Polanco para arrojarse en los brazos de la Mediapro de Roures. Naturalmente, sin el paraguas del poder, la malquerida Prisa languidece ahogada por las deudas.

Tras las elecciones de 2008, pareció que el imperio mediático encontró en Rajoy un nuevo protector. Su reciente conversión a una especie de progresismo de derechas hacía posible el noviazgo y dio a Cebrián la oportunidad de vengar los cuernos que le había puesto Zapatero dándose el pico con su rival político. Para hacerlo, hubo que superar el incidente desatado por Polanco, poco antes de morirse, cuando acusó al PP de guerracivilismo.

Los nuevos amantes hicieron las paces y pareció que esta legislatura vería una luna de miel, más o menos clandestina, entre los medios de Prisa y los gerifaltes del PP. Y así empezamos a leer y oír que hay que ver qué moderado está Rajoy, que cuando se sacuda la caspa facha que aun queda en su partido será un magnífico candidato, que si se libra de ella seguro que le gana las elecciones a Zapatero y demás palabrería progre.

Pero, hete aquí que saltan casi a al vez el escándalo de los espías en Madrid y la operación Gürtel, los dos vértices de una misma ofensiva dirigida contra el PP por El País. ¿Qué ha pasado? Lo más fácil de imaginar es que el Gobierno se ha convencido de que no puede prescindir del imperio y que ha acudido en su socorro inyectando algo de dinero en el grupo. También puede suceder que algún miembro del Gobierno socialista próximo a Prisa le esté filtrando información exclusiva con la que relanzar las ventas e incrementar la publicidad. La oportunidad es tan grande que el que la información perjudique gravemente al PP no puede ser un obstáculo para aprovecharla, mucho más cuando a éste no se le ve con capacidad de salvar del naufragio al acorazado prisaico. Como no son incompatibles, es posible que ambas suposiciones sean ciertas. Cualquiera de las dos, en todo caso, es suficiente para explicar que El País haya decidido desenterrar nuevamente el hacha de guerra.

Y lo ha hecho con todas las de la ley, porque los obuses no respetan a nadie. Al principio, pareció que el objetivo sólo era Esperanza Aguirre. Luego, se le unió Aznar, para que no se le ocurriera volver. Pero ahora el agredido es el muy moderado Camps y hasta el niño bonito de Prisa, Alberto Ruiz Gallardón, se ha visto obligado a cesar a un asesor de su Ayuntamiento por estar implicado en la operación Gürtel.

Conclusión: la cabra siempre tira al monte y en El País, por muy enfadados que estén con Zapatero, no pueden superar la tentación de meterle un buen puyazo al PP. Pero, entonces ¿por qué este viernes Alfonso Alonso, tan cercano a Rajoy, se ha dejado entrevistar en la página web por los lectores de El País el mismo día que el periódico publica un editorial contra Camps? A este paso, el gallego se queda solo en el partido con la exclusiva compañía de las señoras de la limpieza y algún pelota de tercera que logre salir indemne de la debacle.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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