Referéndum soberanista

Para ganar, salga lo que salga

Emilio Campmany

Estos independentistas catalanes de CiU no son serios ni cuando hablan de su razón de ser, la independencia de Cataluña. Después de estar tantos meses dando la matraca con que España les roba, con que la única salida es la independencia, con que España les oprime, les persigue, les liquida y no sé cuántas quejas más, llega el momento de acordar la pregunta de la consulta y, para empezar, necesitan varios días para negociarla. Y luego, en vez de preguntar una cosa, preguntan dos, no vaya a ser que alguien la entienda.

Porque, ¿qué sentido tiene preguntar si se quiere que Cataluña sea un Estado? Responder sí a esta pregunta significa muy poco. Se puede ser un estado federado o uno confederado, y dentro de ambos supuestos caben múltiples matices. Luego, a quienes digan que sí, se les preguntará ulteriormente acerca de si quieren que sea un Estado independiente. Los catalanes que deseen esto son los únicos a quienes se da la oportunidad de contestar con claridad lo que desean. Y si de lo que se trata es de saber cuántos catalanes desean la independencia, ¿a cuento de qué viene esa pregunta previa acerca de que Cataluña sea un estado, aunque no sea independiente?

El objetivo no es otro que el que la consulta sea una victoria de CiU y de Artur Mas salga lo que salga. Porque díganme cuántos se van a atrever a estas alturas a decir que no quieren que Cataluña sea un estado. A eso va a contestar todo el mundo que sí, incluidos los que quieren que las cosas sigan poco más o menos como están, ya que Cataluña ya es de facto un estado integrado en una federación, pero votarán que sí aunque sólo sea para que se produzca un reconocimiento formal de esa situación. Luego vendrá el referéndum de verdad entre los que han dicho sí a que Cataluña sea un estado. Los habrá que deseen la independencia frente a los que no la deseen. Pero tanto si ganan unos como si lo hacen otros, Mas podrá decir que ha ganado él porque la gran mayoría de los catalanes quiere que Cataluña sea un estado, que es lo que se supone que ahora no es. Y naturalmente será él quien se arrogue el honor de revelar la clase de estado que, integrado en España, quieren los catalanes. No sé si se decantará por una fórmula al estilo de la Austria-Hungría de antes de la Gran Guerra o si se limitará a exigir que su región disfrute de tantos más privilegios de los que ya tiene. Lo que sí estoy en condiciones de garantizar es que ese estado a cuyo favor habrá votado la gran mayoría de los catalanes tendrá que tener cuando menos, según la interpretación del resultado que haga Mas, una agencia tributaria propia. Si Gandhi y Luther King levantaran la cabeza y vieran la clase de seguidores que les salen por estos lares...

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