Pánico en las urnas

Emilio Campmany

No sé de ninguna encuesta que haya medido hasta qué punto el miedo está influyendo en quienes están decidiendo volver a votar al PP en las próximas elecciones generales. Y sin embargo, es perfectamente perceptible que ese miedo existe y funciona. Tanto es así que, a pesar de que en septiembre se van a celebrar unas elecciones plebiscitarias en Cataluña donde presumiblemente nuestros compatriotas van a decidir si quieren o no seguir siendo españoles, a la mayoría nos importa una higa lo que allí pase. Lo gordo es que pueda ganar Podemos en las generales. Lo demás son paparruchas. Pero ¿a qué tanto miedo? Pues a que son comunistas de la peor calaña, me dirán. Y sin embargo esa no es toda la respuesta.

El horror lo provoca que además, en España, quien tiene el Poder Ejecutivo puede hacer mangas y capirotes, lo que le venga en gana, porque aquí no hay separación de poderes. Durante decenios, el PSOE y luego el PP se han servido de esa carencia sólo para que algunos de sus afiliados se enriquezcan, ciertos empresarios amigos se beneficien, se repartan chollos, ayudas y bicocas entre sus redes clientelares y se practique el más grosero nepotismo. Pero esa ausencia de control por parte del Legislativo y no digamos del Judicial permite hacer muchas más cosas. Hasta tal punto aceptamos con naturalidad que el sistema ha de tolerar que se repartan arbitrariamente con nuestro dinero subvenciones y ayudas que en los 76 puntos acordados por Ciudadanos y PP en Madrid hay muchos que no son más que eso, formas de injerencia política en la economía. Por ejemplo, en el punto 33 se acuerda "aumentar, hasta el máximo legal permitido, los incentivos fiscales para las producciones cinematográficas nacionales e internacionales en nuestra región". Hay muchos más como ése. Y hasta tal punto las bicocas se reparten sin control que en el punto 46 ha sido necesario prever la "creación de un Cuerpo profesional de Interventores de la Comunidad de Madrid". Obviamente, si hay que crearlo, es porque no existe. Esto último lo dice todo.

Pues bien, lo terrible entonces no es sólo que pueda ganar Podemos, sino que pueda hacerlo en un país en que el Ejecutivo puede arbitrariamente hacer lo que le plazca. Hasta ahora se ha abusado de esa arbitrariedad relativamente poco y casi exclusivamente con fines corruptos. Pero eso no quiere decir que no se puedan hacer muchas más cosas. Por eso da pavor pensar en la posibilidad de que los comunistas más rancios se adueñen de la manija. Si el sistema estuviera bien construido y los muchos abusos que se han venido cometiendo no fueran posibles, Podemos seguiría dando miedo, pero no tanto. Lo paradójico es que ha sido precisamente lo mucho que la corrupción ha abusado de la ausencia de controles lo que ha hecho que muchos electores asuman el riesgo de entregar el poder a quienes, con el pretexto de reformar el sistema, lo que desean en realidad es acabar con la democracia.

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