‘Panem et circenses’

Emilio Campmany

Para empezar, una perogrullada. El proceso de constitución del nuevo gobierno de Rajoy ha estado tintado del más puro estilo Rajoy. Ha tardado cuatro días en parir un ratón sin que haya razón alguna para que necesitara tanto tiempo. Luego se ha negado a dar una rueda de prensa en la que explicar las razones de los nombres elegidos. Este modo de hacer, tan rajoyesco, constituye una enorme falta de respeto a los españoles, a los que debería habérseles dado la ocasión de preguntar a través de los periodistas por qué tal elección y por qué a tal ministerio. Encima, lejos de resolver a favor de uno u otro las rivalidades surgidas en el Gobierno y en el partido, ha preferido, con los nuevos nombramientos, fomentarlas. La guerra entre Soraya y Cospedal ha sido trasladada a la misma sala del Consejo de Ministros. Y la que enfrenta a De Guindos y a Montoro se mantiene en toda su virulencia. Para traer caras nuevas, el presidente ha tirado de gabinete porque ahí tiene gente que conoce y que supone son de probada lealtad, que es la virtud que más aprecia. Finalmente, ha puesto a un vasco y a una catalana para que no se diga. Se me queda como verso suelto el caso de Zoido en Interior.

No hay propósito de renovación. La guardia pretoriana que pastorea el partido y los grupos parlamentarios sigue donde está porque no puede prescindir de ella. Lo mismo le ha pasado a Moragas, que, a base de ser tan leal, se ha hecho imprescindible como jefe de gabinete. Igual que Carmen Martínez Castro en la Secretaría de Estado de Comunicación. No hay en el nuevo Gobierno ni un solo independiente, no se sabe si porque nadie de prestigio ha querido subirse a la chalupa o si porque el presidente no se fía de ninguno que pueda ser tildado de eso. Y, por supuesto, se ha castigado como merece la deslealtad de Margallo, que cometió el imperdonable error de postularse prematuramente como posible sucesor para el caso de que Rajoy no consiguiera ser investido. Su achicharramiento era indispensable como aviso a navegantes.

En lo que a los ciudadanos nos interesa, hay sólo una cosa que ha quedado clara. Nos subirán los impuestos tanto como haga falta para mantener el gasto público, el Estado clientelar, las subvenciones, subsidios y ayudas con las que, entre otras cosas, hacer viviendas de protección oficial con las que el hijo de Espinar pueda especular. Lo único con lo que podremos distraernos y cobrarnos de alguna manera el mucho dinero que nos saquen será asistir a los combates que protagonizarán la vicepresidenta y la nueva ministra de Defensa. Espero que al menos no nos cobren las entradas. La fórmula ya la inventaron los romanos: panem et circenses, sólo que aquí el panem lo pagaremos nosotros como si fuera de oro.

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