Caso Cougar

Palabra de talibán

Emilio Campmany

Dónde irá el diario gubernamental que no are. Este domingo le ha tocado publicar un informe del CNI convenientemente filtrado sobre el Cougar que cayó en Afganistán el 16 de agosto de 2005. Murieron 17 militares españoles. Como nuestro ejército está allí en supuesta misión de paz, no obstante formar parte de la fuerza de ocupación de la OTAN, Zapatero no puede permitirse que aquello fuera un ataque. Tuvo que ser un accidente.

El informe del CNI publicado se basa casi exclusivamente en los resultados de los interrogatorios a los afganos de la zona. Destacan tres cosas: que los helicópteros volaban muy bajo, que ningún testigo vio que fuera atacado, y que tienen en alta estima a los españoles en comparación con americanos e ingleses.

Todo jurista sabe la escasa credibilidad que merece la prueba de testigos. Es verdad que muchas veces no hay nada más en qué basarse para determinar lo sucedido, pero ocurre que en un accidente aéreo debería de haber un montón de pruebas más. En este caso concreto, el informe podría decir que en el lugar del accidente no se encontró ningún resto de misil o cualquier otro artefacto que los talibanes hubieran podido emplear para derribar el helicóptero. Pero no lo dice.

Todo se basa en los testigos afganos. Dice que los helicópteros volaban muy bajo, lo cual tiene la ventaja de poder echar la culpa al piloto, que podría ser acusado póstumamente de temeridad. Dicen que el jefe talibán que reivindicó el derribo nada pudo derribar porque todavía no había recibido los misiles con los que poder hacerlo. Dice que todos lo consideran un bocazas y que reivindica cosas que no ha hecho para sacar dinero como premio a sus acciones. Dice que a los españoles nos tienen los afganos mucho afecto, en comparación con americanos e ingleses, como queriendo probar que allí, aunque pertenezcamos a la fuerza de ocupación de la OTAN, nadie nos quiere nada malo. Debe de ser que, como los españoles procedemos de antiguas tierras del Islam, nos tienen por medio musulmanes. Y dice, incluso, que el señor de la guerra Amanullah Khan ha jurado sobre el Corán (nada menos) que no tuvo nada que ver con la caída del Cougar.

Si no estuvieran por medio la vida de 17 españoles, además del buen nombre del piloto fallecido, la cosa sería de traca. Es como si, después de un asesinato de un policía en Corleone, el CNI concluyera que se ha suicidado porque la gente del pueblo dice que la Mafia es incapaz de asesinar a un agente del orden, que ellos quieren mucho a los policías y que el capo de la mafia del pueblo ha jurado por lo más sagrado que no tiene nada que ver con esa muerte. No puede decirse que sean testimonios de los que uno pueda fiarse.

Mientras tanto, ¿por qué no le han filtrado a El País la declaración de los que viajaban en el segundo helicóptero? ¿Dónde están la investigación y correspondientes conclusiones acerca de las causas del accidente, si es que, como se supone, fue un accidente?

Y estos son el Gobierno y el periódico que decían la víspera del 14 de marzo de 2004 que España no se merece un Gobierno que les mienta. Desde el momento en que lo hemos elegido dos veces, empiezo a creer que no sólo nos merecemos eso, sino cosas mucho peores.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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