Obama y el Estado Islámico

Emilio Campmany

No cabe duda de que los atentados de París constituyen una agresión del Estado Islámico contra todo Occidente. Y, sin embargo, Obama no quiere ni oír hablar de desplazar tropas de tierra a la zona. Naturalmente, no quiere porque hacerlo sería tanto como reconocer que se equivocó cuando ordenó su retirada del mismo sitio donde ahora campa por sus respetos el Estado Islámico. Pero ¿qué habría ocurrido si los atentados hubieran sucedido en Washington? ¿Cómo habría tenido que reaccionar Obama si los 129 muertos fueran ciudadanos estadounidenses? La respuesta es bien sencilla. El ejército norteamericano habría reaccionado con toda su fuerza, incluida la terrestre, hasta acabar con la organización terrorista o al menos expulsarla del territorio que hoy controla y que es su principal fuente de ingresos, y lo que le proporciona tan notables capacidades logísticas como las que ha demostrado en París.

Que los Estados Unidos reaccionen a una agresión contra Francia de manera más tibia de lo que lo habrían hecho si ese ataque se hubiera producido directamente contra ellos es un hecho de enorme alcance. Durante toda la Guerra Fría, los europeos temimos que, llegada la hora de la verdad, los estadounidenses no quisieran defendernos con todas sus fuerzas en caso de una agresión soviética. Gracias a Dios, no hubo ocasión de comprobarlo porque los rusos nunca se atrevieron a ponerlos a prueba. Y no se atrevieron porque Washington siempre demostró firmeza a la hora de contestar toda agresión comunista, cualquiera que fuera el lugar donde se produjera. Hoy, los terroristas islámicos saben que, contra ellos, esa firmeza ya no existe. Barak Obama no está dispuesto a combatir a los terroristas fuera de sus fronteras. Lo único que le preocupa es corregir la política de Bush a la vez que logra que no haya atentados en suelo estadounidense. Por eso se ha retirado de Irak y Afganistán, pero no se atreve a cerrar Guantánamo, no vaya a ser que alguno de los que allí tiene encarcelados se le ocurra atentar en Estados Unidos después de ser puesto en libertad.

Demostrado que los americanos carecen hoy de la voluntad de defendernos, a los europeos no nos va a quedar otro remedio que arrojarnos en brazos de Putin. Ya se oyen voces en Europa que hablan de la necesidad de levantar este enero las sanciones a Moscú, y Hollande está promoviendo un acercamiento al Kremlin por ver si consigue forjar una alianza que le permita responder a los atentados con algo más que bombardeos selectivos muy poco eficaces desde el punto de vista estratégico. Al final, tendremos todos que hacernos de Putin si queremos que se haga algo de fuste contra el terrorismo del Estado Islámico. Eso o incrementar nuestras capacidades hasta estar en condiciones de defendernos por nosotros mismos, que ya iría siendo la hora.

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