Guantánamo

Obama redux

Emilio Campmany

Obama ganó las elecciones con la promesa de restaurar los derechos civiles de los presos de Guantánamo. Obama se opuso con vehemencia a que, como pretendió Bush, fueran unos tribunales militares especiales los que juzgaran a esos presos. Ahora resulta que es Obama quien va a poner en práctica esa medida.

Las organizaciones de la izquierda norteamericana se han puesto como una pantera, pero aquí, todo se disculpa al pobre presidente Obama, que no tendrá más remedio que continuar, por el momento, la política del que, según nosotros, ha sido el peor presidente que han tenido los Estados Unidos. Vean, si no.

El sábado titulaba El País: La envenenada herencia de Bush. O sea que la culpa de que Obama tenga que seguir hurtando a los tribunales ordinarios los presos de Guantánamo la tiene Bush. El editorial del ABC del domingo dice: "Si ha dado este paso tan atrevido siendo consciente del perjuicio que acarreará para su imagen, debemos creer que se debe al hecho de que los intereses que asegura defender la seguridad del país son aún más importantes. Se supone que cuando un dirigente político toma una decisión tan impopular a sabiendas es porque está muy seguro de que es lo correcto". Y Bush ¿por qué lo hizo? Naturalmente, por maldad e inquina. Cuando es Obama quien lo hace es porque "está muy seguro de que es lo correcto". En El Mundo son conscientes en cambio que Obama sabe muy bien que reinstaurar los "despiadados tribunales militares" no es lo correcto, pero justifica la medida por las exigencias de la "realpolitik". Así tituló su editorial del domingo: Obama se da de bruces contra la ‘realpolitik’. ¡Pobrecito Obama, qué poco lo quiere la "realpolitik"! La Razón no se queda corta: "Se cometieron abusos y se tomaron decisiones que transgredieron barreras, lo que no puede ser justificado. Obama ha entendido que echar abajo sin más un trabajo de tantos años sería poco responsable. El limbo jurídico debía acabar, pero el desenlace no podía suponer más impunidad para los terroristas". O sea, que si lo hace Bush es intolerable, pero si lo hace Obama es porque tiene un gran sentido de la responsabilidad.

En un mitin celebrado el 9 de septiembre de 2008, Barack Obama desautorizó la política de Bush y las matizaciones que McCain prometió introducir en ella con una bella metáfora: "No se le pueden pintar los labios a un cerdo" ("You can’t put lipstick on a pig"). Aunque la caravana republicana creyó ver en ella una alusión a Sarah Palin, los demócratas aclararon que el cerdo era la política de Bush y el pintalabios, las matizaciones de McCain.

Ahora que es Obama el que pretende pintarle los labios al cerdo, a los españoles ya no nos parece tan feo. Que El País proteja a Obama de sus contradicciones frente a sus lectores entra dentro de lo normal. Pero que lo hagan el ABC, El Mundo y La Razón me parece sencillamente deplorable. O creen realmente, como han venido sosteniendo, que los presos de Guantánamo tendrían que ser juzgados por tribunales ordinarios, en cuyo caso deberían poner a caldo a Obama, o nunca lo creyeron y sólo lo criticaron porque era la política de Bush, en cuyo caso deberían reconocer su falta. Lo que no pueden hacer es criticar y aplaudir a un tiempo la misma política según la ejecute Bush, el malo, u Obama, el bueno.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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