Memoria histórica

Necrofilia calculada

Emilio Campmany

Jurídicamente, la iniciativa de Garzón, que pretende investigar los asesinatos perpetrados en la zona nacional durante la Guerra Civil, carece de base. Lo han dicho voces mucho más autorizadas que la mía. Políticamente, sea el juez inocente instrumento o cómplice, la operación tiene por objeto arrojar sobre la mesa, no del PP, sino de toda la derecha sociológica española, tantos cadáveres como sea posible de los que fueron asesinados por sus supuestos antecesores ideológicos. Se trata de deslegitimarla ante todos y ante sí misma como aspirante al poder.

Tan truculenta operación puede hacerse hoy gracias al ADN, que permite determinar que tal o cual hueso pertenecieron con toda seguridad a un pariente consanguíneo de tal o cual persona. Sin este avance científico, la exhumación carecería de sentido.

¿Por qué no se exhuman también los cadáveres de los asesinados por las izquierdas? ¿No los hubo? Claro que los hubo. ¿Es que ya se exhumaron en tiempos de Franco? Entonces no se conocía el ADN y, aunque se exhumaron algunos cadáveres, las identificaciones no pudieron ser precisas.

Pues bien, a pesar del evidente paralelismo que hay entre los dos bandos (la existencia de personas asesinadas y enterradas en fosas comunes), las noventa familias que han solicitado al Ministerio de Justicia la entrega de lo que quede de sus familiares tras remover la tierra de los lugares donde se cree fueron enterradas se refieren todas a ellas a personas asesinadas por los franquistas. Esto no puede deberse a que los muertos de derechas ya fueron suficientemente honrados en la época de Franco, pues, por muy honrados que fueran, sus familias deberían tener tanto interés como las otras en recuperar los auténticos restos de sus familiares, ahora que pueden ser correctamente identificados.

Encima, no todas las familias de izquierdistas asesinados desean localizar los restos de sus parientes. Los socialistas llevan años presionando a los familiares de Federico García Lorca para que soliciten la búsqueda de sus restos allí donde se cree que yacen y, sin embargo, éstos han tenido el buen gusto de hacer oídos sordos a la propuesta.

No sé qué pasará por la cabeza de esas familias que quieren que se desentierren decenas de cadáveres por ver si entre las tibias y cráneos aparece alguno de un pariente suyo para darle una honrosa sepultura. Puede que, una vez que la ciencia permite llevar a cabo una identificación sin margen a la duda, sea éste un instinto muy natural que los socialistas se han limitado a instigar. No lo sé. Me parece más lógica la reacción de los familiares de García Lorca y me pregunto por qué no hay entre las familias de los solicitantes la de ningún asesinado por la izquierda.

En cualquier caso, lo repugnante es esta farisaica bonhomía de la que se viste nuestra izquierda para aparentar que no tiene otra intención que la de ofrecer una reparación a las familias de las víctimas del franquismo cuando lo que en realidad pretende es responsabilizar a la derecha de ahora de lo que ocurrió hace setenta años.

Para terminar de convencerse de cuán torticera es la operación, basta observar el nulo interés que tiene el Gobierno y sus terminales en exhumar cadáveres de izquierdistas asesinados por otros izquierdistas, que los hubo a manta. Sssssh... No vaya a ser que se sepa que los socialistas de entonces no sólo asesinaban fascistas.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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