Nadie quiere mi voto

Emilio Campmany

En España ya no cabe un socialista más. Ahora va Cristina Cifuentes e incluye entre sus propuestas un cheque. Se trata de un cheque de cien euros anuales para que los jubilados se lo gasten en actos culturales. Se supone que de esa forma se gana el voto de ese numeroso sector de población y hace un guiño al mundo de la cultura, con el que se supone que está peleado el PP. Pero eso es lo de menos. De lo que yo me quejo es de que pueda atraer votos incluir en el programa cualquier clase de cheque. ¿Es que nadie se da cuenta de que ese dinero no es de Cristina Cifuentes ni de ningún otro político, sino de nosotros? Y lo peor no son los cien millones de euros que harán falta para financiar el cheque. Lo peor será tener que pagar la burocracia para repartirlo y asegurarse de que lo reciben sólo los que tienen derecho a él y de que se gaste únicamente en lo previsto. No deja de tener gracia que luego sea el PP el que acuse a los partidos regeneracionistas emergentes de ofrecer en sus programas "ocurrencias". Pues si esto del cheque cultural no es una ocurrencia, que además huele a zapaterismo a kilómetros de distancia, que venga Dios y lo vea.

Pero como en Ciudadanos están empeñados en dar la razón a los que les acusan de ocurrentes va Albert Rivera y propone, además de que los mayores de cuarenta no podamos desempeñar cargo público alguno, prohibir (siempre la dichosa palabra) que haya domiciliadas en una vivienda más personas de las que cabrían multiplicando cada habitación por dos. Naturalmente, luego explican que esto no va contra las familias numerosas sino contra los pisos patera. O sea, que se trata de una medida contra la inmigración. Saben que hay en España mucha gente que desea se ponga freno a la inmigración pero que no está dispuesta a votar a quien lo proponga seriamente. Así, ya que hay que proponer medidas contra la inmigración, que no se note que son contra la inmigración, con lo que retuercen la idea y resulta que las que salen perjudicadas son las familias numerosas.

Todo esto sólo tiene un nombre: socialismo. Ahora lo llamarán "socialismo de tercera vía" o "política social" como antes lo llamaron “socialdemocracia”, pero no es más que socialismo puro y duro y está en todos los programas que hoy nos ofrecen. Yo no soy socialista y creo y espero que haya muchos españoles que tampoco. Y, sin embargo, nadie está interesado en nuestro voto porque nadie nos ofrece nada coherente con nuestras ideas. Es posible que seamos tan pocos que no despertamos el interés de nadie. Pero también cabe que lo que ocurra sea que se han dado cuenta de que no nos gusta votar a quienes piensan como nosotros. Si es esto último, tenemos lo que nos merecemos, socialismo hasta que nos salga por las orejas.

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