Bankia

Nacionalizar es de derechas

Emilio Campmany

Lo de Bankia es muy deprimente. Para empezar, su nacionalización nos ha traído decenas de artículos de tantos y tantos analistas económicos para quienes todo lo que hacía Zapatero era espantoso y ahora todo lo que hace Rajoy, incluso la nacionalización de un banco, es fantástico. Uno, que apenas sabe sumar y que trata de limitar su economía a no gastar más de lo que gana, termina concluyendo que estos economistas no son más que sofistas de los números y que la gracia no consiste en defender lo correcto sino en ser tan hábil como para saber argumentar a favor de una cosa y de la contraria con la misma capacidad de convicción.

Pero esto no importa. Hay cosas peores. Cuando Caja Madrid se convirtió en banco tras absorber a media docena de cajas desahuciadas se nos vendió como la mejor solución a pesar de que a su frente se puso a un exministro y se permitió que sus consejos de administración (porque Bankia son en realidad dos bancos, no me pregunten por qué) estuvieran superpoblados de políticos en paro y sindicalistas liberados. No sé cómo pudimos creer que una cosa que se habían cargado los políticos iban a ser los políticos quienes la arreglaran.

Ahora se dan todos con los talones en el trasero para convencernos de que ellos ya lo dijeron y que lo que tenía que haber hecho Bankia es fusionarse con CaixaBank. Muy bien ¿y por qué no lo hicieron? Pues porque Rato no quiso. O sea, que no consiguen que Rato acepte la fusión, pero unos meses más tarde logran que dimita y permita que le nacionalicen el juguete. Tendrá su explicación, pero a mí no se me alcanza.

Tampoco ha estado mal la llamada urgente al técnico, un banquero de apellido vasco que algún día aprenderé, y que lo primero que dice es que él de vicepresidente, nada, que o le ponen al frente de todo el tinglado o no se compromete a nada. La cosa tiene lógica. Ningún médico se haría cargo de un enfermo grave sin que se le asegure antes que se hará lo que él diga sin tener antes que discutirlo con el galeno cuyo tratamiento, hasta ahora, ha fracasado. Lo que no tiene lógica es que finalmente acepte ocuparse del moribundo para diagnosticar que no tiene cura y que en realidad está mojama. ¿Cuánto vamos a pagarle por tan sabio dictamen y presidir luego el entierro?

Sin embargo, lo peor de todo es que, sabiendo como sabemos que los males de Bankia proceden de la presencia en sus órganos, y en los de las cajas absorbidas, de tanto político ignaro, van, cogen y la nacionalizan. Esto es garantía de que aquello será, si no ahora, cuando la economía recupere el resuello, un cementerio de elefantes donde aparcar a tanto inepto como tenemos que soportar en los cargos públicos. ¡Y que haya que subir los impuestos para pagar esto...!

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