Estatuto manchego

Murcianos de dinamita

Emilio Campmany

Murcia fue la única provincia donde el 11-M no perjudicó al PP. Sólo allí fue Rajoy capaz de repetir en 2004 los resultados que Aznar logró en 2000. Murcia no tiene especial tradición derechista. Ni tampoco es conocida patria de católicos a macha martillo. El secreto de su fidelidad está en el agua, de la que tanto depende la economía murciana. El PP es partidario de los trasvases. Por eso, en Murcia lo votan a puñados.

Los dos diputados murcianos del PP que han roto la disciplina de voto y se han opuesto a la toma de consideración del proyecto de reforma estatutaria que el martes presentó José María Barreda no lo han hecho por motivos ideológicos. Su gesto, por desgracia, no constituye una denuncia de la deriva que sufre el PP desde que perdió las elecciones. Tampoco se funda en la obvia inconstitucionalidad del texto. Pacheco y Garre han votado de conformidad con el interés nacional de su región, Murcia. El proyecto estatutario castellano-manchego quiere liquidar el trasvase Tajo-Segura, del que depende parte de la riqueza de la región. Así que el interés de Murcia exige votar contra la reforma estatutaria. Y eso es lo que han hecho los dos murcianos.

Su comportamiento, pues, ha sido muy parecido al que alguna vez han tenido los europarlamentarios españoles en Estrasburgo cuando han desobedecido la disciplina del grupo socialista o popular en el que estaban encuadrados para votar en contra de una propuesta claramente contraria a los intereses de España. Y aquí sus compatriotas les hemos aplaudido siempre que lo han hecho.

Tengo dicho que España se está convirtiendo en una especie de Unión Europea de la señorita Pepis. Ya no son sólo catalanistas encuadrados en un partido separatista los que condicionan sus votos a los intereses de su región, ni nacionalistas más o menos exóticos los que, desde distintos puntos geográficos, llevan a las Cortes la voz de los pocos que se sienten canarios, aragoneses o andaluces antes que españoles. Ni siquiera se trata de socialistas catalanes enfrentados a la dirección de su propio partido para proteger su reputación nacionalista en una región donde sólo se es ciudadano de primera si se es catalanista. Ahora son dos diputados murcianos del PP los que prefieren votar conforme al interés de su tierra antes que hacerlo conforme a lo que en su partido entienden que es el interés de España.

Me dirán que la reforma del Estatuto castellano-manchego nada tiene que ver con el interés nacional. Es muy probable. Pero corresponde a la dirección del PP decidir cuál es la postura de todo el partido, sin que quepa permitir que cada diputado vote lo que le parezca. Por otra parte, en el caso de que la cúpula hubiera decidido oponerse a la toma de consideración del nuevo Estatuto, seguro que ahora estaríamos comentando la insubordinación de algún diputado castellano-manchego y nos veríamos en las mismas.

La crisis económica ha centrado todos los focos en la Bolsa, sin darnos cuenta de que lo peor no será la caída del IBEX. Lo malo vendrá cuando la falta de recursos haga que la insolidaridad que en su día sembraron los nacionalistas de Cataluña y del País Vasco, y que hoy germina en toda España, crezca fuerte y exuberante por doquier.

La indisciplina de Pacheco y Garre tan sólo es una señal de lo que está por venir.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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