Mentiras y más mentiras

Emilio Campmany

Delcyfilesa (para qué recurrir al Watergate teniendo el PSOE su propia historia de escándalos) empezó con una mentira y ya no ha parado de producirlas. Las fabrica en cadena con la estimable ayuda de la prensa gubernamental. Están las del ministro Ábalos, el Bolas, que insiste en la delicada misión que cumplió y el éxito que supuso evitar un incidente diplomático. Algo indispensable, según él, habida cuenta de los muchos españoles que viven en Venezuela y las inversiones de algunas empresas españolas en el país. O sea, que al Gobierno de España le interesa que nuestros compatriotas sigan padeciendo al Gobierno del "exprópiese", que detiene, tortura y ejecuta arbitrariamente. No se lo creen ni ellos. Allí el único interés que nuestro Gobierno está defendiendo es el del PSOE de Zapatero en evitar que vean la luz sus muchos trapos sucios. Que él sea el principal mediador no es una casualidad. Por eso el enviado a "evitar el conflicto diplomático" fue el número dos del partido en vez de los mucho más apropiados ministros del Interior o de Exteriores, que sin embargo no pintaban nada allí porque no ocupan cargos en Ferraz.

Nos dice el Gobierno que no ha habido cambio en la postura de España frente a Venezuela, a pesar de que Sánchez ha apeado a Guaidó del tratamiento de presidente interino para rebajarlo a líder de la oposición. Flagrante mentira. Para apaciguar a quienes, aunque socialistas, no comulgan con ruedas de molino, va El País y les dice que sí, que ha habido cambio, pero porque Guaidó no ha colmado las expectativas puestas en él y porque la cúpula de Exteriores, que con Borrell al frente siempre prefirió no reconocer a Guaidó, se ha salido al final con la suya. Mentira de las gordas. Claro que la actitud del Gobierno Sánchez ha sido siempre la misma, pero la de defender al régimen chavista. No hubo nunca verdadero reconocimiento de Guaidó, como prueba que la representación diplomática de Venezuela en España fue siempre la de Maduro. Ahora lo único que ha cambiado es que el Gobierno lo admite abiertamente, quizá por atender a una de las demandas que Delcy Rodríguez vino a exigir.

No es que Guaidó no sea capaz de derrocar a Maduro y por eso España se ve obligada a seguir entendiéndose con su Gobierno. Es que Maduro se sostiene gracias precisamente al apoyo de España, que además arrastra con ella a la UE. Tampoco es casualidad que Borrell haya acabado de jefe de la diplomacia europea. No sabemos la naturaleza de la porquería con la que Maduro chantajea a Sánchez y a todo el PSOE, pero, visto lo visto, sí podemos estar seguros de que es mucha, que huele muy mal y está adherida a socialistas de muy alta alcurnia, que diría Ábalos.

Les va a costar trabajo parar esto. Sobre todo, si Estados Unidos interviene.

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