Nuevo curso

Melancolía fin de estío

Emilio Campmany

El final de las vacaciones tiene algo de trasognato, malinconico ed assente, como decía Domenico Modugno del viejo frac que se deslizaba por la ciudad a última hora de la madrugada. Es lo que los psicólogos llaman el "síndrome posvacacional" y que más gráficamente podría definirse como la “jodía” vuelta al trabajo. Es también el final de las serpientes de verano. Se acabaron las noticias increíbles que se parecen más a una broma de día de Santos Inocentes. Toca retornar a la aburrida rutina de las proposiciones no de ley y de las ruedas de prensa tras el Consejo de Ministros. Con todo, como el verano nunca se acaba sin antes desperezarse un poco, todavía quedan cosas con las que entretenerse.

Rajoy dice que este curso que empieza va a estudiar. Nos pasa a los opositores que, como casi lo único que sabemos hacer es eso, afrontamos cualquier asunto recurriendo a nuestra más aquilatada capacidad, la de estudiar. A quien tiene un martillo, todos los problemas le parecen clavos. Tiene gracia que diga eso Rajoy porque luego resulta que estudiar lo que se dice estudiar, que es algo que no está mal que haga un presidente del Gobierno de vez en cuando, no estudia mucho. Y lo prueban las obviedades y banalidades que suele decir cuando le preguntan sobre alguna cuestión o conflicto internacional de los que no suele tener ni idea. Para evitarlo le hubiera bastado leerse folio y medio que le hubieran preparado en su gabinete o en Exteriores. Quizá ahora lo haga. De momento, podría empollarse el tratado de Utrecht y luego contárselo a su amigo García-Margallo, que ése sí que tiene poca fe en el estudio.

Luego, está lo de Obama. No sé cómo se las va a apañar la izquierda europea para seguir sosteniendo este producto de marketing si acaba interviniendo militarmente en Siria. Al final, va a resultar que este adalid de la progresía mundial es igualito, igualito que el odiado Bush. Ya se ha visto que espía sin autorización judicial y ahora está a punto de irrumpir en Oriente Medio para, como su antecesor, derrocar un régimen baazista que gasea a su población. Y Guantánamo, funcionando. Y todavía dirán que Obama es otra cosa.

La peor noticia es que El Corte Inglés sigue ganando dinero. No es que me parezca mala porque yo pertenezca a esa troupe de rojillos a los que ganar dinero les parece, como al Tata Martino el gastarlo, una falta de respeto. Lo digo porque nunca creí que el que El Corte Inglés ganara dinero pudiera ser noticia en España. Sólo debería serlo el que lo perdiera. Que sea noticiable que esa empresa gana dinero sólo puede significar que las cosas están mucho peor de lo que el Gobierno quiere hacernos creer.

Y ahora a volver a la eterna rutina. Gracias que Heráclito nos enseñó que todo fluye y que nunca es posible bañarse en el mismo río. De modo que todo seguirá igual, pero de un modo algo diferente. A ver qué cuenta Bárcenas.

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