Felipe González

Más tontiastuto que nunca

Emilio Campmany

Desde que, a finales de la primavera pasada, Zapatero entró en barrena, saltan a los medios, como pop-ups en la pantalla del ordenador, miembros de la vieja guardia socialista. Uno trata de encontrar las mejores fotos de la última modelo puesta de moda y zas, le aparece a uno el careto de Javier Solana mal afeitado contando sus batallitas de antiguo míster PESC. Que uno anda buscando información del mejor hotel de Florencia mientras fantasea con un idílico viaje a la Toscana y pumba, se te aparece la sonrisa gatuna de Felipe González que te mira sonriente como si fueras un ratón debatiéndote entre sus garras un instante antes de ser engullido. Y los dos se te presentan con sendos libros recién impresos atiborrando las mesas de novedades de las pocas librerías que van quedando. Dos libros, por lo demás, escritos para explicarnos, por si todavía no nos habíamos enterado, lo listos que son, lo grandes estadistas que fueron y lo mucho que todavía pueden dar de sí.

Mientras, otro socialista viejo (capullo viejo podríamos llamarlo aludiendo al símbolo del PSOE), maese Rubalcaba, se hace con todo el poder sin que terminemos de saber si es Zapatero quien se lo ha dado o ha sido él quien lo ha tomado.

Todo eso sin contar con Eduardo Sotillos, que vuelve a sentar sus reales en el PSM, que pronto volverá a llamarse Federación Socialista Madrileña, ni con Txiki Bengas, que apareció en un acto, que lo estoy escribiendo y no acabo de creérmelo, en el que a Aznar le dieron un premio por su lucha contra el terrorismo. Y además está lo de Ramón Jáuregui, nombrado por alguien ministro de la Presidencia.

Pero lo mejor es lo de González. El publirreportaje que le hace El País no tiene desperdicio y es de lectura obligada para todos, especialmente para los adictos a la ficción. Yo me voy a fijar sólo (me niego a escribirlo sin acento cuando es adverbio) en la recriminación que le hace a Bush por haber combatido el terrorismo con medios ilegales. Así habló el gran hombre: "Ponte en la piel de Obama, con el aparato de seguridad que recibió de Bush... Ese hombre creía que podía resolver Guantánamo en 10 meses. Desde fuera diríamos que no ha cumplido. El asunto es que le va a costar toda la legislatura recuperar el control de los servicios de seguridad como él los querría. Ha habido demasiados vuelos clandestinos, demasiadas cárceles secretas y muchas de las personas que estuvieron en eso forman parte ahora de sus servicios de inteligencia. Incluso en las democracias más consolidadas ha habido siempre una lucha subterránea entre el poder civil y el militar, o el de los servicios". Esto lo dice el tío bajo cuyo mandato se torturó y asesinó a Lasa y Zabala, se secuestró, perdón, se detuvo a Segundo Marey, se montó una organización terrorista y se saquearon los fondos reservados. Y la culpa será de quienes le precedieron. Granítica.

Sólo hay una cosa que hizo bien y que no hicieron sus sucesores: dejar a los ministros ser ellos quienes nombraran a sus secretarios de Estado. Algo bueno tenía que tener.

Quienes a la vista de la incompetencia de Zapatero, añoren a Felipe, que lean la entrevista y luego me digan qué prefieren, si la sartén o las brasas.

En cualquier caso, algo querrá decir tanto felipista en el candelero. Ya nos lo explicará Pedro J. cuando se le pase el cabreo.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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