Cataluña

Mas, líder bolivariano

Emilio Campmany

Hay una cosa en la que Franco tenía razón, que no hay mal que por bien no venga. La frase tiene mérito porque la dijo con el almirante Carrero recién enterrado. Con la al parecer inminente muerte de Hugo Chávez podría suceder algo parecido para el bolivarianismo, que justo ahora que está a punto de perder a su fundador, surge una estrella del movimiento en un rincón del Mediterráneo occidental. Los secesionistas catalanes sueñan con una nación independiente que sería la Suiza del Sur. Sin embargo, ahora se ve que esa Cataluña separada tendría mucho más de Sur que de Suiza. No sólo, sino del Sur de América, no de Europa. Porque sepan que la verdadera vocación de Artur Mas es bolivarianizar Cataluña.

Los hechos son inequívocos. Como no tiene un euro porque despilfarra lo mucho que recauda, algo común a todo bolivarianismo, la Generalidad va y privatiza el suministro de agua. Se hace el correspondiente concurso público y se concede la gestión del servicio a quien más ofrece, un panoli de Madrid llamado Acciona. Éste se queda con el momio para los próximos cincuenta años por mil millones de euros y, en vez de pagar veinte al año hasta completar los mil comprometidos, paga de golpe y porrazo, nada más saberse adjudicatario, casi trescientos. Aflojada la mosca, la Generalidad se apresura a pagar con ella alguna de las apremiantes púas que la agobian. Luego va y, a través de un organismo con un nombre muy bolivariano que se llama Órgano Administrativo de Recursos Contractuales de Cataluña, dice que la adjudicación está mal hecha y la revoca para darle el chollo a otra entidad, naturalmente catalana, que se llama Aguas de Barcelona, que ofrecía menos dinero. De esa forma, la plata del incauto madrileño se queda en Cataluña y ya veremos cómo se devuelve y cuándo, y la que queda como adjudicataria del concurso es quien tiene que ser. Como ven, se trata de un ejemplo de bolivarianismo quintaesenciado. Es una lástima que Hugo Chávez no esté en condiciones de apreciar con cuánto provecho ha asimilado sus enseñanzas Artur Mas.

La cosa tiene toda la lógica del mundo. Al fin y al cabo, el bolivarianismo toma el nombre de la figura de Simón Bolívar, el héroe de la independencia de Sudamérica y, por tanto, el primer independentista. Y Artur Mas no pretende otra cosa que seguir su ejemplo doscientos años después. Qué cosa más natural, pues, que mire al otro lado del charco en busca de inspiración. Y lo que aprenda sea esa elegante manera de hacer caja que tiene el bolivarianismo y que consiste en atraer a un primo español prometiéndole el oro y el moro con no se qué concesión y luego, una vez que el inocente ha soltado la guita, se le incauta y a otra cosa, mariposa. Sólo hay un pequeño inconveniente, que Cataluña ya no será la Suiza del Sur, sino la Bolivia del Mediterráneo, pero ¿qué importa eso si será al fin independiente?

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