Margallo en estado superlativo

Emilio Campmany

El ministro del Asunto Catalán ha vuelto a soltar una margallada. Nada hay de noticiable en ello, pues no hay semana que no haga alguna. Es más, el verdadero bombazo sería: "Margallo lleva un mes sin decir nada de Cataluña". Con todo, en esta ocasión Margallo ha sido más Margallo que nunca con una margallada colosal, ciclópea, casi homérica. Ha dicho el ministro que esto del proceso de independencia de Cataluña se arregla reformando la Constitución para encajar en ella el hecho catalán y cediéndole a Cataluña buena parte del IRPF. Luego ha aclarado que la cesión de la gestión de casi todo el IRPF sería igual para todas las comunidades autónomas. Como ven, una margallada detrás de otra, salidas de su boca como balas trazadoras escupidas por una ametralladora.

Llevamos decenios tratando de encajar Cataluña en la Constitución y siempre pasa lo mismo. Es como si el mapa de España fuera un puzle de esos de Educa y la pieza que representa Cataluña no entrara en el hueco que le corresponde. Dando por hecho que la pieza catalana tiene que estar bien, hasta ahí podíamos llegar, concluimos que lo que está mal es el resto y por eso Cataluña no encaja. Y la verdad es la contraria. Para los nacionalistas, Cataluña nunca encajará, hagamos lo que hagamos. Y a la mayoría de los demás catalanes que no son nacionalistas, mientras se crean lo que los nacionalistas pregonan, siempre les parecerá que los demás no somos suficientemente generosos con ellos. Ayer mismo, Borrell, presentando su libro contra el nacionalismo, se quejó de que en Cataluña no se ha invertido todo lo que se debería, lo que a su vez explicaría el auge del nacionalismo. Habría que decirle que claro, que tiene razón, que donde se han invertido los millones a paladas es en Las Hurdes y en Los Monegros, y que por eso allí no hay nacionalistas.

En lo del IRPF se ve que Margallo ha oído campanas y no sabe dónde. Por un lado, adopta esa displicente actitud de nuevo rico que cree que el problema de Cataluña se arregla arrojando a los independentistas unos euros al suelo y que se agachen a recogerlos y dejen ya de dar la brasa. Y esos euros no son suyos, sino de todos los españoles, y no estamos para regalarlos. Luego, por otro, lo de comprar nacionalistas es lo que se ha estado haciendo todos estos años y, aunque el dinero lo han cogido, las quejas no han cesado y la única consecuencia tangible es que los Pujol se han hecho ricos. Tampoco aclara Margallo qué es lo que quiere ceder, si la recaudación o, como pareció dar a entender, la gestión, que incluiría la inspección, que es lo que siempre quiso Mas, pero de todos los impuestos. Y ya, margalleando sin control, acaba el ministro diciendo que la cesión se haría a todas las comunidades autónomas, cuando lo que los nacionalistas quieren son privilegios, o sea competencias que los demás no tengan. Más Margallo, imposible.

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