Partido Popular

Lo obvio es lo real

Emilio Campmany

A Rajoy le pasa lo que a Stalin, que está muerto pero nadie se atreve a decírselo. Tan muerto está, políticamente digo, que, en vista de que nadie le hace el panegírico, ha decidido convocar a la Junta Nacional y hacérselo a sí mismo. Ha sido el primer funeral en el que es el muerto el que se hace el elogio. El espectáculo ha dado tal grima que nadie ha tenido la presencia de ánimo para tomar la palabra tras haber el interfecto acabado su discurso. Lo más gracioso de todo es que Rajoy quería anunciar una buena nueva, la de que todo, España, la economía, el partido, las elecciones, va estupendamente, a pesar de las muchas dificultades que han tenido que afrontar, que ya lo dice el refrán, que no es lo mismo predicar que dar trigo. El problema es que tanta buena noticia no se dio entre un repicar de campanas, sino al abrigo de un doblar de ellas. Y las más de quinientas almas allí presentes, muchas disfrutando de canonjías y prebendas a punto de extinguirse, oyeron junto al lastimero doblar una lejana salmodia que les amonestó por preguntarse por quién doblan las campanas, advirtiéndoles a continuación de que doblaban por ellos.

Claro que, como dijo Rajoy, lo obvio acaba siendo lo real. En cambio, lo discutible, como es que Kenia sea Nigeria o viceversa, acaba siendo lo imaginario. Ciñámonos pues a lo obvio. Y lo obvio no es sólo que Rajoy es un cadáver político. Lo obvio es que, como le pasó a Zapatero, difunto ya en Moncloa, se niega a ser enterrado si a la tumba no arrastra a todo el partido. No bastará un mausoleo, ni siquiera una mastaba, tendrá que ser una pirámide del tamaño de la de Keops para que quepa allí una organización de casi 700.000 militantes.

Lo obvio es que, más allá de las limitaciones económicas que se supone impidieron cumplir el programa del PP, se prometieron otras cosas, como modificar la ley del aborto o, sobre todo, independizar de una vez a la Justicia del poder político, y tampoco éstas se han cumplido. ¿Cómo puede un cadáver que murió por incumplir sus promesas ser resucitado a base de prometer otra vez las mismas cosas a los mismos a los que una vez engañó?

Lo obvio es que a Rajoy se le dio una mayoría absoluta para que el Gobierno se desdijera de las concesiones que Zapatero había hecho a la ETA. Y lo obvio es que quienes le votaron para eso no volverán a hacerlo, por muchas mentiras que ahora repita, porque no sólo no se desdijo sino que selló, ratificó y avaló todo lo que Zapatero concedió.

Si es verdad que lo obvio acaba siendo lo real, con el cadáver habrá que hacer, digo yo, lo obvio, que es enterrarlo. A ver si hay alguien en el PP que nos hace la caridad.

A continuación