Caso Bárcenas

Las tentaciones del votante del PP

Emilio Campmany

Teníamos algunos la impresión de que en España el votante del PSOE es más indulgente con la corrupción de lo que lo es el del PP. Quedó demostrado en 1993, cuando Felipe González fue capaz de volver a ganar a pesar de Filesa, y en 1996, donde apenas perdió por unas decenas de miles de votos no obstante los latrocinios que se hicieron al amparo de la lucha contraterrorista. Pero, cabe la posibilidad de que la diferencia sólo esté en que a los simpatizantes del PP no se les ha dado la oportunidad de ser tan permisivos como lo han sido los del PSOE. En las próximas elecciones, podrán demostrar qué son.

Con razón o sin ella, existe la convicción generalizada de que el PP se ha estado financiando ilegalmente durante varios lustros. Si el electorado de derechas fuera tan inflexible moralmente como parece, el PP no tendría nada que hacer cuando vuelvan a abrirse las urnas. Pero, enfrentado a la posibilidad de que su deserción provoque la llegada al poder de una coalición del PSOE con IU, el votante conservador parece cada vez más inclinado a ser tan permisivo como en su día lo fue el socialista y acercarse a los colegios electorales con una pinza en la nariz. Es verdad que las encuestas reflejan una fuerte caída del respaldo popular al PP, pero es más debido a la incapacidad del Gobierno de superar la crisis económica que a las revelaciones de Bárcenas. Si para 2015 nos hemos recuperado, Rajoy puede volver a ganar, a pesar de las acusaciones del extesorero.

Algunos medios de la derecha propician esta bajada de pantalones moral tachando de irresponsables a quienes dan pábulo a las acusaciones de Bárcenas. Lo hacen contradiciéndose porque primero dicen que Bárcenas, como delincuente que se supone que es, carece de credibilidad, y luego se afirma que, aunque fuera verdad lo que el preso cuenta, sería una desgracia para España que comunistas y socialistas se hicieran con el poder. Esta forma de argumentar es la que empleaban los socialistas cuando, estando en el Gobierno, se vieron cercados por infinidad de casos de corrupción. Los nuestros no roban, pero, en el caso de que se demostrara que lo han hecho, hay que seguir votándoles para impedir que gobiernen los otros que siempre, por malos que sean los nuestros, serán peores.

Así están las cosas. Ocurre como en el fútbol. Cuando un equipo se hincha a hacer faltas que no se pitan, al otro sólo le cabe elegir entre rebajarse a jugar con las mismas artimañas o renunciar a ganar el partido. En cualquier duelo, las reglas las impone quien juega más sucio. El PP decidió imitar las trapacerías del PSOE y el electorado de derechas se ve hoy tentado de sancionarlas para evitar una victoria de la izquierda, comunistas incluidos. Si lo hacen, tendremos cleptocracia para rato. Y si no, un Frente Popular. Una delicia, oiga.

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