Las listas de Montoro

Emilio Campmany

Publicar la lista de los morosos de Hacienda me parece escaso escarnio para tan grave pecado. Deberían los deudores ser obligados a pasear desnudos por la Castellana, desde Cibeles hasta la Plaza de Castilla y vuelta. Puesto que Carmena corta la arteria los domingos con ocasión de los más variopintos eventos, uno más no iba a importunar a nadie. A cambio se nos daría la ocasión de lanzar a los deudores huevos podridos, tomates maduros, boñiga de caballo, caca de perro, de la mucha que hay disponible en las aceras de Madrid, bombas fétidas, buscapiés y cualquier otra cosa que al respetable público le apeteciera. Podrían levantarse a los dos lados de la calle las gradas que se ponen cuando toca desfile de las Fuerzas Armadas y vender las entradas. El dinero recaudado podría destinarse a subvencionar a las muy necesitadas empresas amigas de los políticos.

Pero, puestos a publicar listas, no deberíamos conformarnos con las de morosos de Hacienda. La primera que habría que sacar es la de aquellas personas cuyos números de DNI bloquean el acceso de los inspectores a sus declaraciones, no vaya a ser que sean objeto de una inspección. Ya se sabe que ésta no es una nación de ciudadanos, sino un feudo con súbditos, en el que hay señores, contra quienes Hacienda nada hace ni nada puede hacer, y siervos, que no tienen más que obligaciones, entre las más importantes, la de pagar a Hacienda. Y si la incumplen, a la lista. Creo que igual que tenemos derecho a conocer a unos, deberíamos tener también el de saber quiénes son los otros.

También debería salir la de los políticos que ganaron unas elecciones prometiendo una cosa e hicieron luego la contraria. Podría añadirse aquella de los gobernantes que juran estar bajando los impuestos cuando en realidad los están subiendo. No estaría tampoco mal que se conociera aquella en la que están los ministros que han defendido en el Gobierno los intereses de alguna empresa privada desconsiderando el interés general. Podría también elaborarse y hacerse pública aquella en la que están los ministros que fingen que son obra de funcionarios del Estado los informes elaborados en realidad por empresas privadas para defender que se les siga subvencionando. No sobraría ni mucho menos una lista en la que salieran todos aquellos que se aprovecharon de haber disfrutado de un cargo político en Hacienda para luego crear una consultoría con la que asesorar a otros acerca de cómo pagar menos impuestos. Y que se supiera el dinero que ganaron con ello. Sin embargo, ninguna de estas listas se publicará. Y es una pena porque es probable que en todas ellas saliera el responsable de este atropello.

Y luego pretenden darnos miedo con que vienen los comunistas. Y son ellos los que los tienen en el Gobierno. Y los mantienen. Y cesan a quienes a ellos se oponen en el Consejo de Ministros. Y se esperan a que hayan pasado las elecciones para hacerlo evidente.

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