La verdad del PSOE

Emilio Campmany

El intento del PSOE de imponer, mediante una Comisión de la Verdad, una concretísima historia oficial y castigar a quien vaya en contra de ella no es ni mucho menos el primer intento que se hace en el mundo para imponer oficialmente una narración indiscutida de lo ocurrido. Cada vez con más frecuencia, la Historia se emplea como arma arrojadiza contra el enemigo político. Así las cosas, es muy conveniente asegurarse de que lo que aquélla cuente favorezca a quien gobierne. Casualmente, David Irving, quizá el historiador que con más vehemencia ha sido acusado de mentir, empezaba su libro La guerra de Hitler recordando que a los historiadores les está reservado el don que a los mismos dioses se les ha negado: alterar el pasado. Naturalmente, los políticos han querido participar de semejante privilegio y el PSOE ha decidido que ellos también quieren contar qué ocurrió.

Pero no se conforman con eso, y quieren además ostentar el derecho en exclusiva, al menos por lo que respecta a la II República, la Guerra Civil y el franquismo. Tiene todo el sentido del mundo que así sea porque fueron militantes de ese partido los principales responsables de que la II República fracasara como régimen democrático y acabara convirtiéndose en una dictadura comunista. Fueron igualmente socialistas los máximos culpables de que nuestra nación se deslizara poco a poco hacia la guerra civil. Fueron asimismo miembros del PSOE los que alargaron inútilmente la guerra incrementando brutalmente el número de sus víctimas con la remota esperanza de que un conflicto internacional estallara y salvara a la moribunda república, que ya no era más que un régimen títere de Moscú. Fue encima el PSOE el partido republicano que menor resistencia opuso franquismo. Y fue por último ese partido el que renegó de todos sus supuestos ideales durante la Transición a cambio de que le fuera entregado el poder omnímodo del que disfrutó en España a partir de 1982. Un poder que luego emplearon buena parte de sus líderes en enriquecerse y corromperse, incluidos asesinatos y secuestros.

Lo gracioso del caso es que una virtual comisión de la verdad hace tiempo que existe en España. No hay castigos legales para quienes pongan en duda la fábula a la que la izquierda recurre para contar nuestro atribulado centro del siglo XX, pero sí una suerte de muerte civil, ostracismo intelectual y desprecio social contra quienes denuncian públicamente la naturaleza fantástica de ese cuento chino. Prohibiendo legalmente sus publicaciones quizá alcancen la notoriedad que hoy les está vedada a causa de la indiferencia de los medios adheridos a la corrección política, que son casi todos. Ya se sabe que, en España, lo mejor que te puede pasar para vender un libro es que lo prohíban. Así se enterarán los españoles de una vez de cuál es la verdadera historia del PSOE. Habrá que peregrinar nuevamente a París a hacerse con los nuevos libros proscritos, publicados por una refundada editorial Ruedo Ibérico, un nombre muy apropiado, ahora que también los toros están en trance de ser prohibidos.

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